Domingo, 05 de Abril de 2020 | 03:00
Opinión

Las Consecuencias Económicas del Cepo

Por Iván Cachanosky, Economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso.

En plena etapa de negociación de la deuda, el gobierno de Frente de Todos dejó en claro que por el momento, la economía convivirá con el cepo. La principal preocupación desde la perspectiva del oficialismo es que, sin cepo, la fuga de capitales sería elevada. Si bien es cierto, el problema es de confianza. No es que en Argentina existe un “amor al dólar”, sino más bien un “pánico al peso” que genera que las personas busquen refugiarse en alguna moneda que no pierda valor, en nuestro caso el dólar. Por eso, es importante recuperar la confianza si en algún momento hay intenciones de quitar el cepo. Lo primero que se debe entender es que el cepo es algo perjudicial para la economía y por eso es importante analizar las consecuencias económicas que puede traer. Principalmente, se pueden destacar tres variables claves que son perjudicadas por la existencia de un cepo cambiario: (i) la confianza, (ii) la ausencia de Inversión Extranjera Directa (IED) y (iii) limitaciones al crecimiento vía exportaciones.


El problema de confianza es importante. Es que pasan los años y Argentina continúa con los desequilibrios macroeconómicos estructurales y cada vez la confianza en el país es menor. La existencia del cepo hace que la confianza sea aún menor. La confianza se ve golpeada tanto en los agentes externos como los internos. Si bien es cierto que el cepo frena (a la fuerza) la salida de dólares, también traba los ingresos de dólares por la desconfianza que genera la medida. Para el caso de los agentes internos, comienza una vez más el problema de la brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos. Argentina tuvo muchos controles de cambio y todos fracasaron. Por esta razón, también se sabe que éste también lo hará.

 

Cuánto mayor sean el cepo y el control de cambios, mayor será la tendencia a que crezca la brecha entre el dólar oficial y los paralelos generando aún más desconfianza. Y si la brecha escala mucho, la distorsión en los precios relativos de la economía se alteran  y los agentes económicos comienzan a guiarse más por el dólar paralelo (sea el blue o el contado con liquidación) que por el oficial. Es por esta razón, que todos los controles de cambios tarde o temprano terminan en devaluación.

 


Por otro lado, si costaba conseguir dólares de IED sin el cepo, con éste será infinitamente más difícil. Es una cuestión instintiva, nadie entra en donde no puede salir. Por ejemplo, si un hincha de un equipo de fútbol sabe que a la salida del partido lo esperará la barrabrava rival, lo más probable es que no vaya a la cancha. Similarmente, nunca vendrán dólares si después no podrán salir producto de un cepo cambiario. Sin embargo, vale la pena aclarar que, quitar el cepo en la Argentina de hoy no garantiza que vengan inversiones. Eliminar el cepo es condición necesaria pero no suficiente para que las inversiones vengan al país. Lo que ocurre es que, el daño institucional realizado en las últimas décadas fue tan grande, que la mayoría de los países de la región resulta más atractivo que Argentina a la hora de invertir. La mayoría de ellos (sobre todos los de la Alianza del Pacífico), poseen una menor presión tributaria y un respeto de los contratos mayor al de Argentina.


Por último, el cepo cambiario también genera limitaciones a las aspiraciones que tiene el Frente de Todos de crecer vía exportaciones. Es cierto que ante la desconfianza actual, la única manera de generar dólares es mediante exportaciones. Pero también es cierto que el cepo actúa como retenciones a las exportaciones y esto no genera incentivos a exportar. Con un dólar mayorista que ronda los $62 por dólar y un paralelo como el contado con liquidación en torno a los $82, se genera una retención cambiaria del casi 25%. En otras palabras, los exportadores pierden 1 de cada 4 dólares de sus ingresos por ventas. Para un país que pretende crecer vía exportaciones, no parece ser el mejor incentivo. Este impacto, puede ampliarse dependiendo el sector. Tomando como ejemplo uno de los sectores más castigados, como el de la soja, la retención se vuelve prácticamente confiscatoria. De aplicarse la nueva retención del 33% a la soja, el tipo de cambio al que un exportador vendería su producto es de $41,7 por dólar, lo que equivale (junto con el impacto del cepo) a una retención del 50,8%. En otras palabras, en este caso, 2 de cada 4 dólares de los ingresos de los exportadores por ventas quedan retenidos. Está claro que el cepo desincentiva las exportaciones, variable que el oficialismo pretende hacer crecer. Por otro lado, hay un desafío adicional. Es que la balanza comercial superavitaria que posee hoy Argentina no responde a un “boom” exportador sino a un desplome importador. En el 2019, las importaciones cayeron un 25% y las exportaciones sólo avanzaron un 5,4% en términos interanuales. Esto revele que la recesión económica ha pegado en las importaciones. Por lo tanto, de ocurrir una recuperación, también lo harían las importaciones y esto disminuiría el saldo positivo de la balanza comercial si las exportaciones no crecen. Y, cómo se ha remarcado, el cepo y las retenciones atentan contra ese propósito. No será fácil crecer y menos aún, crecer con una superávit comercial que no merme.


La verdadera solución radica en realizar las reformas estructurales que el país necesita. Esto incluye principalmente a la reforma del Estado, laboral, previsional, impositiva. El problema de Argentina es que el sector privado productivo no crece desde el 2011 y cada vez son más las personas que reciben un cheque del Estado. El objetivo está en que, con amortiguadores sociales, el sector privado pueda absorber una mayor cantidad de personas. Esto quiere decir que; gente que trabaja en el sector público pase a hacerlo en el privado, que personas que se encuentran en el sector informal puedan incorporarse a la formalidad, que personas que reciben planes sociales puedan dejar de depender de ellos y puedan obtener un trabajo. Sin embargo, difícilmente esto pueda lograrse si se continúa castigando al sector privado que ya soporta una presión tributaria récord y además tiene que lidiar con la industria del juicio. Aunque este último punto, sí está mostrando reversiones interesantes y esperanzadoras. Esto a su vez debe ir acompañado de una reducción del gasto público y así, de una vez por todas, terminar con décadas de déficit fiscal. Con una economía sana y equilibrada, nunca sería necesario instaurar un cepo que tanto perjudica a la economía.

 


 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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