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ECONOMÍA 19.08.2021
Opinión

Criptomonedas y el sistema financiero

En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre el bitcoin, las criptomonedas y la posibilidad que estas tienen de reemplazar el dinero tal y como lo conocemos. Por un lado, los fundamentalistas de las nuevas tecnologías se encuentran enamorados de las criptomonedas y auguran un futuro sin...

 

En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre el bitcoin, las criptomonedas y la posibilidad que estas tienen de reemplazar el dinero tal y como lo conocemos. Por un lado, los fundamentalistas de las nuevas tecnologías se encuentran enamorados de las criptomonedas y auguran un futuro sin dinero físico y sin bancos centrales o entidades financieras. Por otro, muchos economistas miran las estas tecnologías con recelo y prevén que el valor de las monedas tenderá a cero cuando cualquier individuo pueda emitir una nueva.

 

El bitcoin es por sobre todo una nueva tecnología que intenta mejorar algunos de los procesos económicos que desarrollamos día a día. Es una forma de utilizar conocimientos y herramientas de una forma novedosa y que dan por resultado, en este caso, la posibilidad de tener un nuevo mecanismo de pagos. Las tecnologías precedentes de las que se nutre el bitcoin ya existían desde el 2001. Sin embargo, se debieron esperar siete años para que se publicara el white paper seminal del bitcoin.

 

El papel moneda es también una tecnología, hoy por hoy poco novedosa, cuyos orígenes se remontan a la China del siglo VII y que Marco Polo quiso llevar a Europa en el siglo XIII, aunque las letras de crédito existieron desde antes. Esta tecnología intentaba solucionar el problema de transportar grandes cantidades de oro o metales preciosos. Como el papel moneda nunca tuvo un valor per se, cada billete debía tener el respaldo de una autoridad financiera con capacidad para hacer de caja de conversión: este fue el rol inicial de los Banco Centrales.

 

Con el transcurrir de los años, el papel moneda fue perfeccionándose y también complejizándose. Se añadieron nuevas tecnologías para dificultar el trabajo de los falsificadores, y quienes emitían el papel moneda fueron descubriendo que la gente lo demandaba por la simplicidad que les aportaba en concretar sus operaciones diarias. Por lo tanto, los emisores no necesitaban tener un respaldo pleno para responder ante las exigencias los tenedores.

 

En la década del ’70, Estados Unidos abandonó definitivamente el patrón oro. Esto quiere decir que el valor del dinero ya no se encontraba respaldado por un activo, sino que su valor era puramente fiduciario, es decir, que dependía únicamente de la confianza de la gente.

 

Ahora bien, es importante tener en cuenta que para que una moneda conserve la confianza que la gente tiene en ella, es necesario que conserve su valor en el tiempo. En caso de perder demasiado valor conforme pasa el tiempo, quienes demandan esa moneda dejarán de hacerlo y, de esta manera, el valor de la moneda se deteriorará aún más.

 

Por otro lado, es también relevante que la moneda no aumente su valor de forma intempestiva, puesto que, en caso de hacerlo, traerá problemas. Existen dentro de la economía algunos precios que presentan cierta rigidez a la baja, la disminución de su precio puede llevar a la subutilización de recursos. Para esto es fundamental un Banco Central que logre balancear el mercado mediante su política monetaria.

 

Los optimistas del bitcoin creen que la mayor fortaleza de este es que representa un medio de pago descentralizado. Sin embargo, al no estar centralizada su oferta y no haber un Banco Central que se preocupe por la estabilidad del valor del bitcoin, se pierden algunas de las características necesarias para que sea una moneda global. La principal debilidad del bitcoin como dinero es que su valor es demasiado volátil, lo que lo convierte en un activo riesgoso; y la realidad es que un activo riesgoso difícilmente pueda ser la principal moneda del mundo.

 

La idea germinal de la red de bitcoin es justamente la de crear un sistema de pagos descentralizado carente de una unidad física. En su remplazo, aparece esta unidad virtual llamada bitcoin. Pero para inventar esta unidad monetaria de la nada, es necesaria la existencia de al menos un libro mayor que registre las transacciones de este activo. La red de bitcoin es una red donde cada nodo tiene un libro mayor idéntico al del resto de los nodos.

 

Para evitar transacciones fraudulentas, cada participante de la red posee una billetera virtual con una clave pública y una privada que solo conoce el dueño de la billetera. Mediante códigos criptográficos se puede asegurar que quien anuncia una transacción es quien conoce la clave privada de la billetera.

 

Los mineros son quienes recogen las transacciones anunciadas y las incluyen en el libro mayor en forma de bloques. Estos bloques están formados principalmente por tres componentes: el registro de las transacciones realizadas en un tiempo determinado, el código de identificación del bloque conocido como “hash”, y el código de identificación del bloque anterior, con el cual se logra formar una cadena de bloques.

 

Para evitar que estos mineros incorporen bloques fraudulentos, el protocolo de la red establece que cada integrante debe interpretar la cadena de bloques con mayor poder computacional -es decir, la cadena más larga- como la cadena correcta. El “hash” es la variable fundamental para esto, puesto que el hash es un código criptográfico único que depende del texto del bloque y que identifica pura y exclusivamente a ese bloque, pues cambiándole cualquier letra dentro del bloque el hash será completamente distinto.

 

El trabajo de los mineros de bitcoin es el de encontrar un hash correspondiente al bloque que empiece por una cantidad determinada de ceros. Esto lo hacen a partir de poder cambiar una parte del bloque llamado “nonce” que, a su vez, modifica el hash del bloque (porque el hash depende del texto dentro del bloque). La única forma de encontrar el hash del bloque que empiece con una cantidad determinada de ceros es a través de la prueba y error de millones de “nonce” posibles hasta dar con uno correcto. Una vez que uno de los mineros consigue agregar un bloque a la cadena, le comunica al resto de la red que verificará que el nuevo bloque cumpla con los requisitos. Debido a la complejidad del problema a resolver, en promedio los mineros tardan diez minutos en agregar un nuevo bloque.

 

Una de las principales críticas al bitcoin tiene que ver con el consumo eléctrico que demanda la red de bitcoin: el método de validación mediante la resolución de problemas criptográficos demanda una cantidad de enorme de electricidad, similar a la de un país. Sin embargo, actualmente existen muchas criptomonedas que disponen de otro método de validación que consume una cantidad considerablemente inferior de electricidad.

 

En cuanto al problema de la volatilidad de bitcoin, actualmente existen otras criptomonedas cuyos protocolos establecen una variación en la oferta dependiendo del precio, y este es un buen mecanismo para estabilizar su precio. Los valores varían dependiendo de la demanda: cuando hay más demanda el precio aumenta; pasado cierto umbral, el protocolo establece la emisión de más unidades aumentando la oferta y reduciendo su precio, funcionando de forma análoga para cuando la demanda disminuye.

 

La tecnología de la cadena de bloques es claramente innovadora y revolucionaria, y continúa provocando disrupciones en la economía. Sin embargo, aún existen algunos inconvenientes para poder convertirse en la próxima moneda mundial. Algunos de esos inconvenientes pueden corregirse: lo que sí está claro es que la tecnología de las criptomonedas ha llegado para quedarse, y que probablemente continúe generando posibilidades que aún permanecen inconcebibles e inimaginables.

 

 

 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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