Martes, 27 de Octubre de 2020 | 17:28

“Después de las peores tormentas vuelve a brillar el sol entre las nubes”.

Querríamos aferrarnos a esto para que la esperanza nos acompañe hasta el final de esta pandemia, pero como decía el general J.D. Perón “la única verdad es la realidad”, y la verdad va a ser mucho más dramática que lo desearíamos o imaginamos.

Continúan cerrándose empresas con la consiguiente desocupación de personal, personal que tendrá muy pocas posibilidades de volver a ocuparse, ergo si su status era clase media pasará a revestir en la clase pobre, o se sentirá obligado a irse del país en busca de un futuro más promisorio para él y su familia. ¿Dejar la Patria?, ¿Que es la Patria? ¿La Patria es la tierra? No, la tierra es igual en todas partes, Patria es donde vivir con dignidad, seguridad, previsibilidad, sin el temor que los hijos cuando crezcan tengan que emigrar en pos de un futuro que el propio país le niega.

 

¿Argentina es un país previsible? En el año 1919, hace 101 años, (que en la vida de un país es ayer), era la sexta potencia económica mundial. Sexta potencia económica mundial que en 101 años pasó a ser uno de los países más pobres del mundo, aún con riquezas naturales que envidian las más grandes potencias: alimentos, pesca, ganadería, petróleo, minerales, oro, litio y una riqueza humana formidable. Vemos que en todos los grandes desarrollos internacionales siempre hay un argentino en el equipo.

 

¿Porque entonces de potencia mundial pasamos a un país mendicante? La explicación es sencilla, no es necesario escribir un libro de 1000 páginas, creo que el des-milagro argentino se puede escribir en una sola página: los políticos. Países que han padecido guerras, terremotos, tsunamis renacen como el Ave Fénix. Argentina no padeció nada de todo eso, y sin embargo padece de algo peor: padece de políticos, que por donde pasan dejan tierra arrasada. Asumen funciones no pensando en pasar a la posteridad por desvelarse para mejorar las condiciones de vida de su pueblo sino en cuánto se van a enriquecer al finalizar su mandato, sin distinción de partido político o ideología. Sin embargo un partido político; el peronismo, gobernó durante 72 años de los 101 desde que Argentina era potencia económica mundial. El peronismo fue gobierno aún siendo oposición. Perón instaló la primera grieta, cuando inculcaba que había que combatir el “capital” en lugar de propiciar “capital y trabajo” juntos por el engrandecimiento de la Nación. La masa tomaba el “capital” como su enemigo –sin importar si el empleador era un obrero igual que ellos pero que invertía tiempo y dinero para crecer- o si era la gran empresa o pyme. Para la masa trabajadora era exactamente los mismo: hay que combatir el “capital”, aún cuando sin capital no hay inversiones, ergo si no hay inversiones no hay empresa y no hay empleo. Un veneno instalado en la mente de la masa trabajadora que todavía perdura. Los países de la región crecen sostenidamente, nosotros no. Hay dos países en el mundo que asombran: Japón y Argentina. Japón que no tiene nada es una gran potencia, mientras que Argentina tiene todo y es un país de los más pobres.

 

Impera en la generalidad de la población que si un empresario consiguió formarse una posición económica holgada, no lo hizo legalmente, mientras que los políticos asumen con zapatos gastados, ropa muy usada, y finalizan su mandato con casas, departamentos, autos inclusive aviones, y nadie se rasga las vestiduras y difícilmente se los investiga. País del revés.

 

Cuando finalice la pandemia y el país tenga que empezar a recuperarse, ¿serán los políticos los que arriesgarán capital para abrir empresas o será el capital privado que volverá a invertir en el país levantando las cortinas de los comercios y abriendo las puertas de las fábricas? ¿Modificarán el concepto “combatiendo el capital” por “seduciendo al capital”?

 

Quizás sirva esta pandemia para que quede en evidencia la falacia de combatiendo al capital, y termine con la grieta trabajadores-empresarios, y entender que se necesitan unos a otros, ya que si falta uno de los dos no hay empresa que exista ni empleo para trabajadores.

 

Entiendo que es difícil modificar la mentalidad de millones de trabajadores que crecieron con esa falacia desde la edad escolar. Los jesuitas dicen “dadme un niño hasta los siete años y será nuestro toda la vida”. Setenta y dos años repitiendo ese slogan sin razonar requeriría de mucha educación por parte de un sindicalismo responsable, para dejar de ver al empresario como enemigo para verlo como socio, con todos los derechos de peticionar y discutir condiciones. Derechos sin sometimiento de la empresa, y el trabajador no es súbdito sino un socio que le ayuda a crecer

 

Por Richard Ramsay

@RamsayRichard

 

Editorial publicado en la revista DESAFIO EXPORTAR de julio 2020

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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