Sábado, 29 de Noviembre de 2025 | 11:25
Política

“La historia circular de la Argentina”

El populismo es una corriente y el huésped, la ideología. Por Lic. Marcela Viviana Jaimes.

El populismo como curandería

Queda claro que los sucesivos gobiernos populistas produjeron la decadencia Argentina que hoy diseccionamos: a veces con intolerancia y, otras veces, con superlativa indulgencia. Pero, de qué se trata esta corriente populista que prioriza al Estado contra el individuo? Es “la reacción ignorante frente a la miseria”, como dijo Fernando Savater? Es el espacio de formación de “los curanderos políticos” que verbalizan soluciones mágicas e imposibles? La raíz de la palabra, emparentada con lo popular, define en rigor lo que es, o más bien define lo que no es por contraste?

En todo caso, el concepto populismo -cuyo origen es bien lejano-, goza en este nuevo siglo de una reputación negativa toda vez que la arquitectura de su poder se construye con una supuesta alianza multiclasista que no existe en la práctica; bajo el liderazgo mesiánico de caudillos refractarios a la división de poderes y al ordenamiento institucional, y con límites discursivos notables apoyados en la grandilocuencia del lenguaje gestual. Dicho esto, ya pueden imaginar a sus principales actores contemporáneos.

 

El modelo macroeconómico populista: la industrialización en la sociedad del conocimiento

Si nos enfocamos en la región, America Latina puede dar muestras sobradas muestras de su tradición populista y de los estragos permanentes que le ha causado a la dislocada región.

Cuando el populismo llega, pregona por un modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Nótese que fue el pasado Siglo XX la época de gloria de la Industria y que - ya en otra centuria- estamos siendo atravesados por la ciencia y la tecnología. Esta prédica, a todas luces anacrónica, insiste en un país con chimeneas mientras la realidad lo colisiona contra la sociedad del conocimiento, la inteligencia artificial y el E-commerce.

Pero, por qué el discurso populista, anacrónico e imposible cobra pregnancia? Cuando en el devenir político un gobierno bien intencionado logra el poder en elecciones limpias y gestiona esa única oportunidad de forma errática, el populismo suele reaparecer bajo otro ideología o disfraz, promoviendo el mismo “protocolo” que nos condenó al fracaso, pregonando distribuir lo que muy pocos producen. Y cuando toman el poder, para sostenerse, aumentan impuestos y confiscan las propiedades de los contribuyentes a favor de la personalísima causa del caudillo/a que lidera la banda populista. Al no generar inversión productiva, al limitarse únicamente a redistribuir lo robado vía tributación y otros ardides,  los vándalos del poder son execrados por la sociedad que, finalmente, se da cuenta que es ella misma la que deberá pagar con su ajuste aquel gasto político de una fiesta en la que no participó.

En síntesis, el populismo se articula en función de las frustraciones de los pueblos. Así logran el poder, con la prepotencia justificada en la insatisfacción y, cual banca, toma todo (el erario público) para repartirlo discrecionalmente entre el selecto grupo de besamanos del poder. Entonces, el populismo es una corriente y el huésped, la ideología; una filosofía que está en manos de los movilizados.

 

 

“El nuevo mesías del peronismo y Lousteau (antes cristinista, luego evolucionista, actualmente radical y justo ahora peronista), ambos gringos de Federico Storani (que fue aliado de Moreau, que hoy milita con Cristina), se suman al tren de la alegría con CFK sin ninguna reserva, mientras empiezan a aparecer los sobres para una prensa demasiado sedienta que te va a informar que algo nuevo ha llegado para salvarte la vida”

 

 

De la historia al nuevo fronting

Los 3 primeros representantes del populismo en América Latina fueron Brasil, Argentina y Ecuador con Getúlio Vargas, Juan Domingo Perón y José María Velasco Ibarra, respectivamente. Las consecuencias de esas aventuras -en principio benéficas-, han sido siempre altos niveles de desempleo, pobreza, indigencia,  inflación y deuda pública, con actividad económica e inversión estancada y alta presión impositiva. Y no por nada “somos el país con más impuestos después de la isla de Comoro”, como suele decir el economista Agustín Etchebarne en su prédica contra la clase política populista; aquella que hace que tengamos que trabajar más de la mitad del año para un Estado que no resuelve los problemas, sino que más bien los reproduce con talento extraordinario.

Cuando la descomposición del estado del Estado se agrava, de nuevo aparece el viraje con los pormenores que produce el cambio de rumbo. Pero ese cambio, que debiera ser radical para obtener resultados distintos, muchas veces peca de ingenuo y por mala praxis o por condescendencia con los factores que sirvieron de base para nuestra frustración, replican el populismo de la mano de la decepción.

 

En círculos, y con los mismos viejos actores

La historia circular de la Argentina enseña que siempre vuelven y esta vez tienen un nuevo programa que incluye la nacionalización del comercio exterior y la expropiación de viviendas.

La ideología está en los movimientos y en los que se mueven buscando un nuevo fronting donde seguir jugando bienes y honras. Y allí aparecen Tinelli y el pejotismo en sus diversas vertientes, incluyendo a Cristina después de abominarla. Esbozan razones sofisticadas y convincentes de necesidad nacional, y convocan a algún añejado candidato por el radicalismo que perdió en el 2007.

El nuevo mesías del peronismo y Lousteau (antes cristinista, luego evolucionista, actualmente radical y justo ahora peronista), ambos gringos de Federico Storani (que fue aliado de Moreau, que hoy milita con Cristina), se suman al tren de la alegría con Cristina sin ninguna reserva, mientras empiezan a aparecer los sobres para una prensa demasiado sedienta que te va a informar que algo nuevo ha llegado para salvarte la vida.

Sin embargo, hay una resistencia silenciosa de argentinos que saben que los cuadernos no se tapan con diarios, que los cuadernos se abren, se estudian y se juzgan… porque así se aprende.

 

 

Nueva plataforma política del kirchnerismo

“Ni  piedad con estos hijos de puta. Cuando volvamos, con todo muchachos! Ya aprendimos esa lección. La salida de esta peste es el nacionalismo popular revolucionario, nueva constitución, expoliación de Clarín, nacionalización del comercio exterior, nacionalización y coperativismo de la banca, reforma agraria,  urbana, estatización de todas las empresas de servicios, puesta en disponibilidad de toda la justicia, empezando por la justicia federal y los que se prestaron a meter presos a los compañeros, ni piedad!”, Luis D´Elía.

 

 

 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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