Exportamos impuestos: la aduana invisible de provincias y municipios
CEO de LL&A, Lisicki, Litvin & Abelovich
La Argentina quiere exportar más, pero castiga fiscalmente el camino que debe recorrer cada producto antes de llegar al puerto. Discutimos el tipo de cambio, los aranceles y los acuerdos comerciales, mientras toleramos una carga menos visible: los impuestos provinciales y las tasas municipales que se acumulan dentro de los costos. Así, junto con alimentos, manufacturas y trabajo argentino, exportamos impuestos.
El comercio internacional ofrece una orientación clara para los impuestos sobre el consumo: gravar en destino y liberar las exportaciones de la carga indirecta recuperable que soportaron en origen. Ese principio inspira el tratamiento del IVA en los sistemas modernos. No significa que los exportadores del mundo no paguen ningún impuesto. Significa evitar que la tributación sobre las transacciones se convierta en una desventaja artificial para vender en otro país.
Ingresos Brutos funciona en sentido contrario. Alcanza la facturación en sucesivos eslabones, sin un mecanismo general de crédito que permita descontar lo pagado en las etapas anteriores. Cuando el proveedor incorpora el gravamen a su precio, el siguiente eslabón lo recibe como costo y puede volver a tributar sobre un importe que ya contiene impuestos. Es el conocido efecto cascada: una acumulación que distorsiona precios y organización productiva.
Por eso, afirmar que una exportación está excluida o exenta de Ingresos Brutos no resuelve el problema. La venta final puede quedar liberada y, sin embargo, el producto conservar la carga soportada por materias primas, envases, energía, mantenimiento, servicios y logística. La exclusión del último eslabón no limpia los anteriores.
"La Argentina quiere exportar más, pero castiga fiscalmente el camino que debe recorrer cada producto antes de llegar al puerto"
Pensemos en una botella de vino, un alimento elaborado o una autoparte. Antes de exportarse necesitaron insumos, transporte, depósitos y prestaciones de terceros. Según las actividades y jurisdicciones involucradas, esos proveedores pudieron soportar Ingresos Brutos y tasas locales e incorporarlos, total o parcialmente, a sus precios. Cuando el bien cruza la frontera, esa carga acumulada no desaparece: viaja dentro del costo, aunque no figure discriminada en la factura al comprador extranjero.
No existe una alícuota única que permita medir esa incidencia para todas las exportaciones. Depende de la cadena, las exenciones, los márgenes, las jurisdicciones y los reintegros aplicables. La medición debe reconstruir cada cadena y determinar cuánto impuesto queda efectivamente incorporado después de las devoluciones y compensaciones.
La situación se agrava con las tasas municipales calculadas sobre la facturación. La tasa de seguridad e higiene debe responder a un servicio efectivamente prestado. Sin embargo, cuando su recaudación se expande por el volumen de ventas sin una justificación razonable vinculada con el servicio, aparece una lógica semejante a la de otro impuesto sobre los ingresos.
La autonomía municipal no puede convertirse en un cheque en blanco para encarecer la producción. Los municipios necesitan recursos y deben prestar servicios, pero también justificar qué cobran, por qué lo cobran y cómo determinan el importe. La discusión exige transparencia sobre prestaciones y costos, reglas previsibles y límites a las superposiciones. Ninguna estrategia exportadora será consistente si cada nivel de gobierno agrega cargas sin evaluar el resultado conjunto.
En un mercado competitivo, el comprador extranjero compara precio, calidad, entrega y confiabilidad. No acepta pagar más porque el proveedor argentino deba financiar una estructura tributaria acumulativa. Si la empresa no puede trasladar ese costo, lo absorbe en su margen. Si el margen se agota, pierde la operación. El impuesto que parecía recaer sobre una factura termina afectando la rentabilidad, la inversión y las posibilidades de empleo de toda la cadena.
También existe un sesgo contra la especialización. Una empresa que contrata proveedores independientes puede acumular más imposición sobre transacciones que otra que reúne esas tareas dentro de una misma estructura. Se favorece así la integración por razones fiscales, aunque no sea la organización más eficiente.
"La autonomía municipal no puede convertirse en un cheque en blanco para encarecer la producción"
La Argentina cuenta con recupero del IVA vinculado a exportaciones y con reintegros destinados a restituir, total o parcialmente, tributos internos. Pero su existencia no prueba que toda exportación salga libre de carga: debe verificarse qué conceptos compensan, en qué proporción y en qué plazo. Una devolución insuficiente deja impuestos dentro del producto; una devolución tardía agrega un costo financiero al exportador.
La salida requiere un acuerdo entre Nación, provincias y municipios que coloque a la competitividad exportadora entre sus objetivos verificables. Debe relevarse la carga indirecta por cadena y transparentarse la incidencia de los tributos locales. Con esa información corresponde revisar los reintegros para evitar tanto compensaciones insuficientes como devoluciones superiores a lo efectivamente soportado, respetando las reglas del comercio internacional.
En paralelo, debe trazarse una sustitución gradual de Ingresos Brutos por un esquema que evite la acumulación entre etapas, con coordinación federal y resguardo del equilibrio fiscal. Las tasas municipales deben vincularse con servicios efectivos y una cuantificación razonable. También hay que impedir que las retenciones y percepciones generen saldos a favor persistentes: financiar al Fisco por adelantado y en exceso inmoviliza capital que la producción necesita para competir.
El costo de la transición debe discutirse con metas de gasto, eficiencia y financiamiento. La dependencia de estos recursos no justifica perpetuar sus distorsiones. Tampoco alcanza con bajar un impuesto nacional si otra jurisdicción absorbe el alivio aumentando sus cargas. El compromiso debe abarcar a los tres niveles de gobierno y evitar que una reforma termine siendo una simple mudanza de la presión fiscal.
Exportar exige productividad dentro de la fábrica y sensatez tributaria fuera de ella. Mientras otros sistemas procuran neutralizar los impuestos indirectos sobre lo que venden al exterior, nosotros conservamos una aduana invisible antes del puerto. La Argentina necesita exportar valor agregado, conocimiento y trabajo. Seguir exportando impuestos es resignar competitividad por decisión propia y cobrar hoy una recaudación que puede costarnos las exportaciones de mañana. Es urgente cambiar ese rumbo.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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