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ECONOMÍA 19.10.2021
Opinión

La levedad de la estrategia comercial externa de la Argentina

Desde hace varias décadas, el desarrollo argentino muestra una declinación en relación con otros países de ingresos medios. Esta trayectoria se hizo particularmente visible luego de la década de 1960 cuando el agotamiento del crecimiento...

 

Desde hace varias décadas, el desarrollo argentino muestra una declinación en relación con otros países de ingresos medios. Esta trayectoria se hizo particularmente visible luego de la década de 1960 cuando el agotamiento del crecimiento por vía de la sustitución de importaciones tuvo consecuencias muy significativas en los mecanismos sociales de igualdad de oportunidades, generando un problema de pobreza creciente. A pesar de varias oportunidades internacionales favorables, nuestro país no acertó a elaborar una estrategia de crecimiento sostenible alternativa, con mayor presencia exportadora, como lo hicieron otros países en la región latinoamericana (Chile y México son los mejores ejemplos, a los que se suman Panamá, Uruguay, Costa Rica y con suerte más variada, Colombia y Perú). En efecto, la evolución relativa del Producto Bruto per cápita de la Argentina con respecto a un conjunto de países latinoamericanos seleccionados, muestra que nuestros ingresos por habitante casi duplicaban a los de esos países en los años 60 y que hoy se dirigen hacia una paridad explicada por el lento desarrollo argentino.

 

Para un país con la dotación de recursos de la Argentina, la actividad agroexportadora no puede ser excluida de la ecuación de éxito. Constituye un seguro de ingresos de divisas para financiar el desarrollo y una base sólida a partir de la cual aportar al crecimiento, como ocurrió en Australia, Canadá, Nueva Zelanda, o más cercanamente, en Uruguay y Brasil. Es cierto que, en algunos países productores, el ciclo de precios de los commodities genera importantes disrupciones en los ingresos de las actividades básicas, pero éste no es el caso argentino. Nuestro país ha sido un oferente competitivo en episodios de precios bajos y realizó los beneficios del comercio durante los auges de precios como entre 2004 y 2012. En rigor, la producción agropecuaria creció con independencia de las fluctuaciones de precios, aprovechando en las bonanzas para invertir en tecnología. Como resultado, en la cosecha 2018-19, la Argentina perforó finalmente el techo de los 140 millones de toneladas de producción (con 147 millones). Sin embargo, según los analistas sectoriales, ese volumen se hubiera podido alcanzar mucho antes. Entre las causas de esa demora se encuentra, principalmente, la imposición de derechos de exportación. Estos impuestos cercenaron casi permanentemente (con un breve intervalo en los 90) los ingresos agroindustriales y redistribuyeron hacia el consumo los fondos que debieron estar destinados a la inversión. Lo hicieron por vía indirecta, reduciendo los precios locales de los alimentos o, más recientemente, por vía directa a través de subsidios al consumo.

 

El sesgo anti-exportador que surge de esta combinación de altos aranceles a las importaciones e impuestos a las ventas externas, aún vigente, fue cercenando las iniciativas de inversión en nuevas actividades

 

Mientras esto ocurría, se mantuvo una exacerbada protección arancelaria a todo tipo de actividades orientadas al mercado interno. El sesgo anti-exportador que surge de esta combinación de altos aranceles a las importaciones e impuestos a las ventas externas, aún vigente, fue cercenando las iniciativas de inversión en nuevas actividades. Además, la protección nominal alternaba con la desprotección cambiaria (atraso periódico del tipo de cambio por razones de inestabilidad macroeconómica) dando por resultado un horizonte muy corto de planeamiento económico. Un contraejemplo de esta situación es el surgimiento de una amplia actividad de servicios exportables que hasta hace muy poco estaban excluidos de estos mecanismos del comercio exterior (hoy también pagan derechos de exportación que serán eliminados en 2022, según un reciente anuncio) y se pudieron manejar en un clima de negocios más amigable. Entre 2019 y 2021, la Argentina exportó unos USD 6000 millones anuales de servicios basados en el conocimiento.

 

Una consecuencia inmediata del sesgo anti-exportador y de la falta de modernización de la política industrial ha sido la escasa diversificación exportadora. El Gráfico 1 muestra la composición de exportaciones de bienes por grandes rubros en el largo plazo. Desde los 90 no ha habido un cambio significativo y la agroindustria se mantiene como el sector de mayor representación con una participación entre el 50 y 60% (este porcentaje ha aumentado en los dos años recientes debido a los efectos internacionales de la Pandemia, que limitaron el comercio a excepción de los alimentos).

 

Gráfico 1

Fuente: FIEL basado en datos INDEC

 

Estos resultados indican que la estrategia externa se mantuvo inconstante en la acción y, en ocasiones, presentó ligereza de juicio. En consecuencia, el país vivió en un clima de casi autarquía desde la crisis del 2001. Se ignoraron los cambios en los mercados internacionales y sólo el caso del Mercosur puede mencionarse como una pieza que ha perdurado en el tiempo, ayudando a la diversificación exportadora. Sin embargo, también en el Mercosur se desaprovecharon las oportunidades y el comercio intrarregional fue languideciendo desde un 25% del comercio externo de los cuatro socios a mediados de los 90, hasta el actual 10% como se aprecia en el Gráfico 2. Los actuales conflictos entre los socios vinculados al relacionamiento con terceros países no auguran un sendero de mayor integración y, por el contrario, abren serios riesgos de continuidad para este acuerdo.

 

Gráfico 2

Fuente: elaboración propia en base a DOTS-IIMF e Intracen

 

En síntesis, la Argentina muestra un grave deterioro de sus mecanismos de desarrollo y, prácticamente, esta breve reseña muestra que ha ignorado los beneficios del comercio internacional como factor para su crecimiento.  La experiencia internacional sugiere que una estrategia externa consistente, asociada a instrumentos de aumento de las exportaciones, es parte de la solución para economías de desarrollo intermedio, como la Argentina. A su vez, la complejidad de los cambios que hoy experimenta el escenario internacional con la creciente tensión entre China y Los Estados Unidos, la redefinición de las reglas comerciales para incluir los temas de sustentabilidad ambiental y la prevalencia de acuerdos preferenciales frente al multilateralismo, entre otros, indica que se requieren definiciones rápidas y concertadas dentro de la política para modificar el rumbo actual de la estrategia externa de nuestro país.

 

 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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