Lunes, 21 de Septiembre de 2020 | 15:00
Entrevisa a Jimena Sabor

Alimentos seguros y producción sostenible, el rol ponderante de los bioinsumos

En entrevista exclusiva para Desafío Exportar, Jimena Sabor, directora de la empresa de investigación y desarrollo biotecnológico para el agro Síntesis Biológica, nos cuenta cómo la biotecnología será el nexo entre consumidores “verdes” y grandes productores de alimentos.

Desde el 2004 existe un nuevo grupo de consumidores llamados “LOHAS” cuyas siglas en ingles significan “Lifestyle of Health and Sustainability”-estilo de vida saludable y sostenible-. La particularidad de estos consumidores es que buscan alimentos sin agroquímicos y cuya producción no afecte al medio ambiente, exigiendo además información sobre la trazabilidad de los mismos desde su creación hasta la góndola.Algunos podrían pensar que estos consumidores son una minoría que poca incidencia tienen en el mercado, pero los datos demuestran que cada día más personas alrededor del mundo se suman a este estilo de vida que ya tiene seis subcategorías de acuerdo a sus particulares exigencias.

 

Solo en Estados Unidos en los último 10 años el consumo anual de estos productos pasó de U$D 13.365.24,- mil millones de dólares en 2008 a U$D 40.555.85,- mil millones de dólares en 2018. Dentro de estas cifras de consumo además del grupo LOHAS, que buscan trazabilidad + inocuidad, se encuentran las cinco subcategorías de consumidores verdes. Todos ellos tienen en común la búsqueda de productos “saludables” cuya demanda la encuentran satisfecha en los productos orgánicos o sea sin agroquímicos.

 

A este requerimiento, los productores de alimentos deben sumar la responsabilidad de producir para 10.000 mil millones de personas, que es la cantidad promedio de habitantes que se espera para el 2050.

 

-La biotecnología no tiene muy buena reputación en el ideario popular, se la asocia con herbicidas, pesticidas y manipulación genética.

Desde mi experiencia te diría que es todo lo contrario, la palabra biotecnología se asocia a la investigación, la innovación, el desarrollo y el progreso tecnológico. Ahora bien, entiendo que lo que mencionas puede referirse a una confusión en el ideario, porque las prácticas que nombrabas corresponden a lo que se conoce como agroquímicos, agrotóxicos y transgénicos u OMG (organismos modificados genéticamente), pero la biotecnología es mucho más que eso. Se trata de toda aplicación de tecnologías tradicionales o de vanguardia que utiliza organismos vivos, o partes de ellos, para la producción de bienes y servicios, organismo que pueden o no estar genéticamente modificados. En un sentido amplio, entonces, incluye desde una actividad milenaria como lo es hacer pan (por el fermento de levadura), pasando por la agroindustria y hasta la producción de vacunas, por dar solo unos ejemplos de todas las aplicaciones que posee.

 

-El ex ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao, dijo que los bioinsumos iban a solucionar todos los problemas. Los bioinsumos ¿llegaron para mostrar el lado amigable de la biotecnología? ¿Son los nuevos superhéroes?

Los bioinsumos son sólo uno de los tantos aspectos beneficiosos que tiene la biotecnología.  No son superhéroes, pero año tras año se van instalando entre las opciones de los productores, sobre todo los de punta, los referentes. Podemos decir que se está abriendo  el mercado, pero el potencial en cuanto al desarrollo de productos es incipiente, no están explorados aún en un porcentaje ni siquiera significativo.

 

Hay muchas empresas que en los últimos años se han sumado a trabajar en el sector. De todas formas, aún falta mucho para desarrollar una paleta completa que logre reemplazar en su totalidad a los insumos tradicionales. Hoy, se trata de sumar los bioinsumos para reducir el impacto ambiental, a menor costo, lo que genera en el resultado final mayores ganancias para el productor, trabajando de forma sostenible. 

 

-Contanos cuál es el trabajo que llevan adelante desde Síntesis Biológica.

Nosotras estamos en el sector desde hace casi 25 años, cuando no se escuchaba hablar de microorganismos, ni en general de bioinsumos de uso agrícola. Todos estos años nos dieron una gran experiencia, no solamente en el desarrollo de nuevos productos, en el ajuste de la dosis o las formas de aplicación. También aprendimos a comercializarlos, ya que es una venta diferente, que requiere brindarle previamente al comprador/consumidor/usuario información clara y precisa. La aplicación, además, tiene sus particularidades.

 

Actualmente tenemos productos inscriptos en SENASA, otros en trámite de inscripción (demorados por la pandemia) y otros tantos en desarrollo, aún en etapa de laboratorio, con un potencial enorme, por ejemplo bacterias que trabajan sobre degradación de compuestos sintéticos contaminantes de suelo y agua y algunas que servirán para otras industrias.

 

-En un escenario de aquí al 2050 dónde se prevé un aumento de la temperatura entre 1.5 y 2 grados, 10 mil millones de habitantes para alimentar y un creciente mercado de consumidores cada vez más demandante de productos orgánicos -que a su vez son los consumidores de los países más desarrollados- ¿Qué rol jugarán las empresas de biotecnología?

Más que protagónico será ese rol, me genera muchísima adrenalina imaginar todo lo que está por venir.

 

-¿Se podrá continuar con el sistema tradicional de producción?

El sistema actual de producción requiere cambios indefectiblemente, para que sea sustentable en términos ambientales y ecológicos. Las restricciones de índole ambiental, el mayor conocimiento por parte del consumidor, la degradación del suelo y la acumulación de fitosanitarios en el ecosistema, nos lleva a repensar en el corto y mediano plazo, todas y cada una de las prácticas de manejo. Desde la estructura del suelo, la rotación de cultivos, las especies en producción, como así también las prácticas culturales de cultivo y cosecha. La agroecología no es algo de moda o una convicción, es un requerimiento, si queremos asegurar la producción de alimentos para nuestro futuro.

 

-¿Entonces la biotecnología podría ser y formar parte de la cadena de producción orgánica?

Absolutamente. En el caso específico de los bioinsumos, Síntesis Biológica tiene varios productos que ya han pasado por el proceso de SENASA que los certifica como “Insumo Apto para la Agricultura orgánica” (Resol SENASA 374/16).

 

-¿Será que el rol de la biotecnología hará que las prácticas que hoy son rechazadas -aquellas que usan herbicidas y pesticidas- terminen siendo aceptadas por los consumidores dado que su uso permitirá que, realmente, no queden rastros de pesticidas en los alimentos?

Además de que se pueden producir alimentos libres de pesticidas, este tipo de tecnologías resultan beneficiosos tanto para los suelos y agua (al reducir la cantidad de residuos que afectan a la microflora y contaminan las aguas subterráneas y superficiales), como para las personas que viven en zonas aledañas a la producción y para quienes trabajan en el campo (un impacto positivo en la salud de los aplicadores).

 

-Yendo a la situación argentina en particular, el escenario para las empresas PyMES es realmente desalentador para la mayoría de los rubros ¿Cómo ves el panorama de las pymes agropecuarias? ¿Hay un determinado tipo de productor -me refiero a si es pequeño, mediano o grande-, interesado en adquirir productos más sustentables con el medio ambiente e inocuos o esa elección no tiene que ver con la envergadura o tipo de plantación?

A mi entender, el tamaño del productor tiene incidencia relativa en el interés por la adquisición de nuevas prácticas y productos amigables con el medio ambiente. Las grandes empresas productoras están más expuestas públicamente, cuentan además con un departamento de investigación y desarrollo que posibilita (aunque a veces también impide lamentablemente) la incorporación de un nuevo producto o práctica.

 

En cuanto a los productores pequeños, al tener menos escala, su ecuación es básicamente económica. Más allá de la convicción por producir limpio o sustentable, requiere sí o sí una relación positiva en la relación de costo/beneficio. Si eso está asegurado, la incorporación es inmediata. 

 

-¿Son competitivos los precios?

Una de las principales ventajas de los bioinsumos es su bajo costo relativo actual. Son muy competitivos en ese aspecto. El tema es la difusión en términos de conocimiento y resultados, y la comparación de ese resultado agronómico a la vista u ojo del productor. Claramente los productos químicos sintéticos tienen un impacto de inmediatez en resultado obtenido, el Biológico requiere mayor tiempo en promedio para el mismo resultado, y también hay aspectos de la producción (sobretodo tema malezas e insectos), en los cuales aún los productos biológicos deben seguir desarrollándose para ser una oferta de reemplazo a futuro. Referido al mercado local, el crecimiento es sostenido pero no exponencial. En cuanto al mercado externo, creo que las posibilidades se incrementan totalmente, debido a que es un mercado que PUEDE y quiere, pagar una plusvalía en el valor de los alimentos, en función de su calidad de orgánico.

 

-¿Exportan?

Si, actualmente a Paraguay. Tuvimos una franquicia en Bolivia, pero terminó ese contrato y de acá en más seguiremos con el modelo de exportación.

 

-¿Usan el sistema “exporta simple”?

No.

-¿Requieren de insumos importados?

No.

 

-¿Tienen obstáculos para crecer?

Los mayores obstáculos para crecer son la falta de financiación para las MIPYMES, pero en mayor medida la burocracia. Los Bioinsumos agrícolas son perfectamente exportables, lo que necesitamos es contar con una  Ley de Bioinsumos,  que pueda promover el desarrollo del sector. Asimismo, se requiere una normativa específica para el registro de bioinsumos, que incluya también macrobios, para permitir y favorecer el comercio internacional, para lo cual es preciso buscar equivalencia de terminología con otros países. 

 

Desde la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO), de la cual soy representante en Córdoba, las empresas del sector trabajamos desde lo privado para promover el uso, la investigación, desarrollo y abogar por la actualización de las reglamentaciones de los Registros en SENASA, como de otras reglamentaciones más generales, por ejemplo la alícuota de IVA. Actualmente los bioinsumos tributan el 21%, esa es una desventaja competitiva para los que comercializamos estos productos y un absurdo que se castigue con impuestos al productor que quiere ser más sustentable, cuando podríamos tributar una alícuota del 10,5 % de IVA, tal como lo hacen otros fertilizantes.

 

Esperamos poder contar con una legislación moderna, que acompañe el desarrollo productivo, junto con áreas de tratamiento específicas en SENASA para la temática, con mayor personal e infraestructura, lo que debe verse como una inversión que tendrá un retorno como oferta exportable.

 

 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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