Domingo, 05 de Abril de 2020 | 03:14
Salud

Trastorno bipolar

Por Dr. Julián Pessio, Psiquiatra (MN 126916), Coordinador médico de la Clínica de Ansiedad y Trauma, Coordinador de la Clínica de Trastornos del Ánimo.

 

La evolución ha dotado a las especies con la capacidad de variar sus niveles de actividad y energía, según las necesidades y las posibilidades que nos brinda el entorno. Los osos hibernan cuando la comida es escasa y aprovechan la primavera y el verano para alimentarse y reproducirse. Algunos roedores están adaptados a una actividad nocturna, porque esto evita que sean víctimas de predadores. En la especie humana la capacidad de adaptar los niveles de actividad y energía adquiere un carácter singular en la vida en sociedad y se transforma en la posibilidad de alegrarnos y activarnos cuando el entorno es favorable; asimismo, tendemos a disminuir nuestra actividad ante las frustraciones, lo que favorece la reflexión. Esta posibilidad de regular nuestro humor ante las situaciones vitales, codificada en complejos circuitos en nuestro sistema nervioso tiene, como todo en nuestro organismo, la capacidad de desregularse. Es entonces cuando aparecen los trastornos del ánimo como el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar. Si bien todavía no podemos identificar las causas precisas de estas condiciones, sabemos que las mismas tienen que ver con factores genéticos heredables, que afectan la regulación del humor y la capacidad de procesar el estrés proveniente del entorno.

 

El trastorno bipolar es un desorden crónico en el que se alternan períodos de depresión, otros de exaltación del ánimo (conocidos como episodios maníacos o hipomaníacos) y períodos de “eutimia” o de “normalidad”. Es bastante más común de lo que se cree; afecta al 3,5 % de la población argentina. Puede empezar a cualquier edad pero en general lo hace entre los 15 y 30 años.

 

Es muy importante diferenciar la variabilidad anímica que experimenta cualquier persona según las situaciones de vida, los estados personales y los cambios en el organismo, de los cambios que se presentan en el trastorno bipolar. En este último los cambios del ánimo, conocidos como episodios, son persistentes (gran parte del día) y duraderos (días, semanas o meses) y se acentúan a tal punto que producen repercusiones negativas y problemas tanto para ellos mismos como para las personas que los rodean, como dificultad para realizar las tareas habituales, conflictos con otras personas, etc. Si bien los episodios pueden ser desencadenados por acontecimientos que se acompañan de mayores niveles de estrés (dificultades personales, exigencias en el trabajo, en lo académico), muchas veces ocurren en forma independiente a las circunstancias externas.

 

Los episodios de exaltación se denominan manía o hipomanía en función de la gravedad de los síntomas. Se caracterizan por estado de ánimo elevado, irritabilidad, aumento del nivel de energía, distractibilidad, disminución de la necesidad de sueño, comportamientos imprudentes y disminución del autocontrol (por ejemplo gastos desmedidos e indiscreciones sexuales), pensamiento y lenguaje acelerados, aumento de la autoconfianza. Algunas personas pueden tener ideas delirantes y más raramente alucinaciones. Con frecuencia son los amigos, familiares o personas que rodean al afectado o afectada quienes notan estas manifestaciones. Pero quienes las padecen no perciben su propio cambio o no lo consideran anormal o de riesgo (sí cuando el episodio desaparece).

 

Los episodios depresivos son la manifestación más frecuente de esta enfermedad para la mayoría de las personas. Suele haber tristeza, bajo nivel de energía, desgano, desesperanza, baja confianza en uno mismo, sentimientos de culpa, alteraciones del sueño y apetito, problemas de atención, concentración y memoria. Son frecuentes los pensamientos relacionados con la muerte y el suicidio. Algunas personas también pueden tener ideas delirantes o alucinaciones.

 

En los períodos de eutimia no hay síntomas o son leves. En otras palabras, la bipolaridad no es un constante pasar de un polo a otro durante toda la vida. La eutimia, un estado normal, es posible en la mayoría de las personas con trastorno bipolar, que aceptan, aprenden y siguen la disciplina que implican los tratamientos e indicaciones.

 

Muchas personas afectadas por trastorno bipolar padecen otras patologías psiquiátricas y del resto del organismo, por lo que se considera que el trastorno bipolar es una enfermedad sistémica. Son habituales los trastornos de ansiedad, de personalidad, abuso de sustancias, de la conducta alimentaria y también otras enfermedades médicas, como el síndrome metabólico, problemas cardiovasculares, diabetes mellitus, problemas tiroideos, migraña y fibromialgia.

 

El diagnóstico no es sencillo y se establece a través de entrevistas con los afectados y sus familiares. No existen análisis de laboratorio ni imágenes de cerebro que lo confirmen; estos métodos se utilizan para descartar otras enfermedades que podrían causar síntomas similares. Sólo el 20% de las personas con trastorno bipolar que consultan teniendo un episodio depresivo reciben el diagnóstico adecuado dentro del año. Más de las mitad de las personas con trastorno bipolar deben esperar varios años desde que realizan la primera consulta hasta tener el diagnóstico y tratamiento adecuado.

 

El trastorno bipolar se comporta como una enfermedad crónica, como la diabetes, la hipertensión arterial y otras y, como ellas, estrictamente, aún no tiene cura. El objetivo principal del tratamiento entonces, es mantener a las personas libres de nuevos episodios, capaces de desenvolverse en su vida de acuerdo a todo su potencial. El objetivo final es la recuperación funcional. Para ello se requieren fármacos estabilizantes del ánimo, tratamiento psicoterapéutico y, de ser necesario, estimulación cognitiva. Además se debe realizar el tratamiento correcto de las patologías asociadas, tanto psiquiátricas como sistémicas. Dentro de los tratamientos psicológicos, los que tienen evidencia de mejoría son la terapia cognitivo conductual, la psicoterapia interpersonal y la psicoeducación grupal.

 

La severidad de estas patologías varía de persona a persona; el nivel de sufrimiento que produce en quienes las padecen y también en sus familiares, va de la mano de la incomprensión de la población general. Junto con otros padecimientos mentales, esta incomprensión agrava el estigma de quienes sufren estas enfermedades. Grandes personajes de la historia han padecido trastorno bipolar, como Winston Churchill, Virginia Woolf o Vincent Van Gogh, cuya fecha de nacimiento, el 30 de marzo, ha sido elegida como el día mundial del Trastorno Bipolar.

 

Sugerencias para afectados y allegados:

Paciente:

  1. No luchar contra la enfermedad. Eso lo único que va a hacer es empeorarla.
  2. Conocer la enfermedad y tener una actitud activa en el tratamiento.
  3. Tomar la medicación tal cual fue descripta. Conocer los medicamentos que recibe y potenciales efectos adversos. Sentirse libre de discutirlos con su médico. Un miedo que suele tener la gente es la dependencia a los medicamentos. Uno depende de esa medicación para regular un problema, tal como se depende de los anteojos para ver mejor.
  4. Tener un estilo de vida que tienda a estabilizar el ánimo como hacer ejercicio, tener patrones de sueño regulares y evitar desestabilizadores, como drogas y alcohol, aprender técnicas de manejo de estrés y resolución de problemas. No hacer dietas muy estrictas. Bajar rápidamente de peso puede desestabilizar el ánimo.
  5. Tener uno o varios allegados en quienes se pueda confiar. Diseñar un plan de manejo de crisis, junto con psiquiatra o allegados.
  6. Usar un registro del ánimo. Sirve para poder comprender mejor la enfermedad, relacionar desestabilizantes con episodios, conocer cuándo un tratamiento funciona o no.

 

Familiar o allegado:

  1. Acercarse al equipo tratante. Eso lo va a ayudar mucho a conocer las características de la enfermedad.
  2. Aprender a ser un informante del ánimo, especialmente ante los episodios donde el afectado pierde la conciencia de enfermedad. Eso requiere confianza más que ser un vigilante. Para ello a veces se requiere psicoeducación hacia la familia.
  3. Planificar, hacer acuerdos durante la autimia sobre cómo actuar en caso de crisis.
  4. Frente a los episodios depresivos, no olvidar que la mejoría no depende de la voluntad de la persona afectada. Es importante evitar palabras que pueden ser bien intencionadas pero que no son útiles e incluso pueden ser contraproducentes, tales como “ponete las pilas”. El mejor apoyo puede ser una presencia incondicional, comprensión.
  5. En caso de que existan manifestaciones de muerte, es importante prestar oídos, no criticar o desestimar, preguntar hasta dónde se ha llegado a planear un acto suicida y adelantar el control de salud y comunicarlo al equipo tratante a la brevedad.

 

 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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