El Gobierno actualiza la lista de sustancias prohibidas y permitidas en productos cosméticos y perfumes
Esta adecuación forma parte del proceso de armonización normativa entre los países integrantes del MERCOSUR.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) oficializó la incorporación a la normativa argentina de la Resolución GMC N° 07/25 del MERCOSUR, que actualiza el reglamento técnico sobre sustancias prohibidas en productos de higiene personal, cosméticos y perfumes.
La medida, publicada mediante la Disposición 2601/2026, introduce modificaciones en la lista regional de ingredientes que no podrán utilizarse en este tipo de productos por motivos de seguridad sanitaria y protección de la salud de los consumidores.
Entre los principales cambios, se incorporan nuevas sustancias químicas prohibidas, entre ellas compuestos derivados del boro, ciertos poliuretanos, cloruro de metileno, ketoconazol y fragancias asociadas a reacciones alérgicas o potenciales riesgos toxicológicos. Además, se actualizan restricciones vinculadas al mercurio y otros compuestos químicos utilizados en formulaciones cosméticas.
La Disposición también elimina algunas sustancias de la lista de prohibiciones vigentes, como el ácido azelaico, la hidroquinona y el peróxido de benzoílo, que pasarán a regirse bajo otros criterios regulatorios y condiciones específicas de uso. Estos ingredientes son ampliamente utilizados a nivel internacional en tratamientos cosméticos y dermatológicos vinculados al acné, manchas y cuidado de la piel.
“Argentina prohibía el uso de algunos ingredientes en la cosmética que el mundo entero usa hace décadas: el ácido azelaico (acné, rosácea y manchas y productos capilares), el peróxido de benzoílo (el antiacné más usado del planeta) y la hidroquinona para manchas. Todos se venden sin receta en EE.UU”, afirmó el Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger.
Y agregó el Ministro que “un país normal no le prohíbe a su gente lo que el mundo usa todos los días”, en referencia a productos cosméticos y tratamientos que ya se comercializan sin restricciones en otros mercados internacionales.
La entrada en vigencia será simultánea en todos los países del MERCOSUR, una vez que cada Estado Parte incorpore formalmente la resolución a su legislación nacional. La fecha oficial de aplicación será comunicada posteriormente a través del Boletín Oficial, conforme a los mecanismos previstos por el Protocolo de Ouro Preto.
La mirada de quienes cuestionan la medida
Quienes se muestran críticos con la flexibilización sostienen que varios de los ingredientes retirados de la lista de prohibiciones no son inocuos y requieren controles estrictos, especialmente en productos de venta masiva o uso prolongado. Argumentan que sustancias como la Hidroquinona pueden generar irritaciones, alteraciones en la pigmentación e incluso efectos adversos por uso excesivo o sin supervisión profesional.
En el caso del Peróxido de benzoílo, señalan que puede producir sensibilidad cutánea importante, mientras que el Ácido azelaico, aunque considerado seguro en muchos mercados, también requiere concentraciones y formulaciones adecuadas.
Además, algunos especialistas y organizaciones vinculadas a la salud pública advierten que el argumento de “si se usa en otros países también debe permitirse aquí” no necesariamente contempla diferencias en controles sanitarios, hábitos de consumo o niveles de fiscalización. Desde esa óptica, plantean que una mayor apertura regulatoria debería ir acompañada de sistemas sólidos de monitoreo, etiquetado claro y campañas de información para evitar riesgos derivados del mal uso o la automedicación cosmética.
Medidas que requieren de un cambio cultural
En Argentina, donde el autodiagnóstico y el consumo de productos o medicamentos “autorecetados” forman parte de hábitos bastante extendidos, este tipo de flexibilizaciones también plantea un desafío cultural.
La mayor disponibilidad de ingredientes cosméticos y dermatológicos exigirá un uso más responsable por parte de los consumidores, dejando atrás la lógica de “si funciona, lo uso” para apoyarse más en la experiencia y el conocimiento de médicos, dermatólogos y profesionales especializados, especialmente cuando se trata de sustancias que pueden generar efectos adversos si se utilizan de manera incorrecta o excesiva.
Quizás, en productos de venta libre, el equilibrio no pase por reemplazar al médico, sino por contar con mejor información. Y en ese punto, la consulta a herramientas de IA puede convertirse en una guía útil para tomar decisiones más conscientes antes de elegir qué usar.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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