SOBERANÍA REGALADA
Por Paola BatistaTitular Puls Media
Mientras la Argentina discutía soberanía en Malvinas, otro proceso avanzaba silenciosamente en el Mar Argentino. Permisos, transferencias y falta de controles permitieron que empresas vinculadas a capitales chinos pasaran a controlar la mayor parte de la flota potera nacional.
Cada vez que los medios enfocaban sus cámaras en las luces de las flotas extranjeras que operan al borde de la milla 201, la discusión giraba en torno a la pesca en alta mar y las incursiones ilegales en la Zona Económica Exclusiva. Sin embargo, mucho menos visible fue el proceso mediante el cual empresas vinculadas a capitales chinos comenzaron a ganar posiciones dentro de la propia flota pesquera argentina.
No hubo desembarcos. No hubo conflictos diplomáticos. No hubo una ocupación militar. Hubo expedientes, permisos, transferencias societarias y controles que nunca llegaron. La soberanía no se perdió en un campo de batalla. Se fue cediendo, expediente tras expediente.
El informe elaborado por el especialista Milko Schvartzman sostiene que las empresas vinculadas a capitales chinos controlan actualmente el 63,1% de la flota potera que opera dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, precisamente el segmento encargado de capturar el calamar Illex argentinus, una de las especies más importantes para las exportaciones pesqueras nacionales.
A partir de ese dato, aunque ya como una hipótesis que no forma parte del informe, y considerando que esas mismas empresas también cuentan con permisos para capturar otras especies estratégicas, y operan con una integración vertical de captura, procesamiento y exportación, el control chino sobre el total de la actividad pesquera argentina podría acercarse al 55% o incluso al 60%
La pregunta ya no es cómo China logró semejante presencia en el Mar Argentino. La verdadera pregunta es quién le abrió la puerta.
El informe deja demostrado cómo la flexibilización en la fiscalización regulatoria y en la evaluación de antecedentes, por parte de las autoridades pesqueras, permitió el otorgamiento de licencias a empresas vinculadas a buques con antecedentes de pesca ilegal dentro del Mar Argentino.
"La pregunta ya no es cómo China logró semejante presencia en el Mar Argentino. La verdadera pregunta es quién le abrió la puerta"
La historia que nadie quiso contar
Durante años la atención pública se concentró en la denominada "milla 201", donde cientos de embarcaciones extranjeras operan al borde de la Zona Económica Exclusiva argentina. Sin embargo, el informe sostiene que el fenómeno más preocupante no ocurre fuera del mar argentino sino dentro de él. Según el trabajo, grupos como China National Fisheries Corporation (CNFC), Shanghai Fisheries Group, Zhejiang Ocean Family, Qingdao Haoyang Ocean Fishery y Dalian Huafeng Aquatic Products participan simultáneamente de operaciones dentro de aguas argentinas y de actividades pesqueras en alta mar.
La consecuencia es una creciente concentración del negocio del calamar en manos de corporaciones cuyo centro de decisiones, financiamiento y estrategia se encuentra fuera del país.
El caso que resume toda la historia
Si existe un episodio capaz de sintetizar las conclusiones del informe, es el de la estatal china China National Fisheries Corporation (CNFC).
Según la investigación de Schvartzman, en 2005 uno de sus buques, el Zhong Yuan Yu 1, fue capturado por la Prefectura Naval Argentina mientras realizaba pesca ilegal dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE).
Un año después, cuando la empresa intentó incorporar embarcaciones a la flota potera argentina, el Consejo Federal Pesquero rechazó la solicitud invocando precisamente esos antecedentes. La decisión se apoyó en la normativa vigente, que impedía otorgar permisos a empresas vinculadas con armadores involucrados en actividades de pesca ilegal.
Sin embargo, años más tarde, el mismo organismo adoptó un criterio diferente.
En 2014 aprobó el ingreso de los buques que habían sido rechazados ocho años antes. Para entonces, además, ya no se exigía a los postulantes declarar con el mismo nivel de detalle su estructura societaria y los vínculos corporativos detrás de cada proyecto.
La situación resulta aún más llamativa porque en marzo de 2016 otro pesquero perteneciente al mismo conglomerado empresario, el Lu Yan Yuan Yu 010, volvió a ser detectado pescando ilegalmente dentro de la ZEE argentina en un episodio que terminó con el hundimiento de la embarcación tras una persecución de la Prefectura Naval.
Pese a esos antecedentes, las autorizaciones y transferencias de permisos vinculadas al grupo continuaron avanzando.
Para el autor de la investigación este caso expone con claridad el problema de fondo: la discusión no pasa únicamente por la presencia de capitales chinos sino por la forma en que el Estado argentino controló -o dejó de controlar- quiénes obtenían acceso a los recursos pesqueros nacionales.
"la discusión no pasa únicamente por la presencia de capitales chinos sino por la forma en que el Estado argentino controló -o dejó de controlar- quiénes obtenían acceso a los recursos pesqueros nacionales"
Competir contra un Estado
La expansión de estas compañías no puede analizarse únicamente desde una perspectiva empresarial o de libre mercado.
Schvartzman sostiene que las empresas pesqueras chinas radicadas en Argentina reciben ventajas derivadas de políticas implementadas por el Estado chino desde finales de los años noventa.
Según el informe, los productos capturados por compañías chinas en aguas extranjeras son considerados en China como productos nacionales, quedando exentos de aranceles de importación y del IVA de importación.
La ventaja económica estimada alcanza aproximadamente el 21%.
Traducido al lenguaje de los negocios, significa que una empresa argentina debe competir en igualdad de condiciones dentro del país mientras su competidor accede a beneficios fiscales imposibles de replicar.
El informe estima que ese diferencial podría representar más de 45 millones de dólares anuales para las compañías de capital chino que operan desde Argentina.
Con semejante capacidad financiera, la adquisición de barcos, permisos y empresas locales deja de ser una excepción para convertirse en una estrategia de expansión perfectamente sustentable.
El Consejo Federal Pesquero, siempre bajo la lupa
Si las conclusiones del informe son correctas, el problema no es exclusivamente externo. Existe una responsabilidad interna. Durante décadas distintos gobiernos nacionales y provinciales administraron permisos, cuotas y autorizaciones sin que existiera un sistema plenamente transparente que permitiera conocer con claridad quiénes eran los beneficiarios finales de muchas de las empresas que ingresaban al negocio.
La crítica alcanza directamente al Consejo Federal Pesquero, organismo que concentra las decisiones estratégicas sobre la explotación de los recursos pesqueros nacionales. Los criterios de evaluación de antecedentes y asignación de permisos han sido objeto de cuestionamientos recurrentes por la dificultad de acceder a información consolidada sobre sanciones, estructuras empresariales y beneficiarios finales.
Esta falta de transparencia aparece como uno de los factores que, según el informe, facilitaron el avance de grupos extranjeros sobre sectores cada vez más importantes de la actividad.
A ello se suman múltiples denuncias y causas judiciales que, en distintos momentos y a lo largo del tiempo, han puesto y continúan poniendo bajo cuestionamiento el funcionamiento del organismo. Si bien, debido a los tiempos que demanda la Justicia, hasta el momento no existen fallos condenatorios, ello no implica que las investigaciones o los cuestionamientos hayan cesado.
Y aquí surge una de las preguntas más incómodas de toda esta historia: ¿Fue incapacidad, desidia, falta de voluntad política o la consecuencia de intereses que nadie quiso tocar?
Mucho más que una cuestión económica
El reporte también advierte sobre aspectos laborales y humanitarios que exceden el debate comercial. Schvartzman sostiene que parte de las empresas bajo control chino que operan en Argentina reproducen prácticas que han sido denunciadas en distintas flotas de pesca de aguas distantes vinculadas al gigante asiático.
Entre los casos citados figura el del jefe de máquinas Manuel Quiquinte, fallecido en 2021 a bordo del potero Xin Shi Ji 89. Según la reconstrucción incluida en el informe, el trabajador permaneció enfermo durante varios días sin ser trasladado a puerto y murió en su camarote. Posteriormente, la Justicia imputó al capitán por abandono de persona.
También se menciona una denuncia presentada en 2025 por presuntas amenazas y hostigamiento a tripulantes argentinos a bordo del Xin Shi Ji 28, luego de que estos registraran en video una maniobra de traslado considerada riesgosa para un trabajador enfermo.
Para el autor, estos episodios forman parte de una problemática más amplia vinculada a los controles sobre las condiciones laborales, la transparencia operativa y el cumplimiento de las normas dentro de una porción creciente de la flota que opera en aguas argentinas.
"La discusión ya no debería limitarse a cuántos barcos pescan en la milla 201. La discusión debería centrarse en quién controla efectivamente los recursos pesqueros dentro del propio Mar Argentino"
El gran debate sobre la soberanía
Los argentinos suelen imaginar las amenazas a su soberanía como algo que llega desde afuera. Pero la historia de la pesca del calamar muestra algo mucho más incómodo, y es que a veces la pérdida de soberanía se firma desde adentro.
Mientras el país sostiene desde hace décadas una política de reivindicación sobre las Islas Malvinas, una parte creciente de los recursos vivos del Atlántico Sur quedó bajo control de empresas cuyos beneficios económicos terminan siendo procesados, subsidiados y contabilizados por otro Estado.
La soberanía económica desaparece mucho antes que la geográfica.
Entonces llegamos a la conclusión de que el verdadero debate pendiente, más allá de las discusiones que seguramente generará el informe, es qué tipo de país queremos: una nación que administre sus recursos en función de su desarrollo o un territorio que permita que otros exploten sus riquezas a cambio de beneficios cada vez más marginales.
La pesca constituye una de las principales fuentes de divisas para numerosas economías regionales argentinas y es uno de los recursos renovables más importantes del país.
La discusión ya no debería limitarse a cuántos barcos pescan en la milla 201. La discusión debería centrarse en quién controla efectivamente los recursos pesqueros dentro del propio Mar Argentino.
Porque si algo demuestra esta historia es que, según la investigación presentada, China no tomó el control de una parte sustancial de la pesca argentina por la fuerza. Lo hizo aprovechando un sistema que durante años le permitió avanzar.
Y ese sistema fue construido en Argentina y perpetuado por cada gobierno que ha ocupado y ocupa el sillón de Rivadavia.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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