Martes, 23 de Junio de 2026 | 05:01

La puerta de entrada del Acuerdo UE-MErcosur se abre con estándares ESG

Javier J. Vazquez Por Javier J. Vazquez
Consultor de Desarrollo Sostenible en OLIMPIA. Especialista en Riesgos Ambientales, Sociales y Climáticos

La noticia pasó relativamente desapercibida en medio de la agenda política y económica argentina. Pero hace apenas unos días desde Concordia, Entre Ríos, partieron las primeras toneladas de miel hacia Europa con arancel cero, inaugurando un nuevo esquema comercial que hasta hace pocos meses parecía imposible. Lo que antes pagaba un arancel elevado ahora ingresa con ventajas comerciales dentro de las cuotas acordadas entre ambos bloques.

 

Durante décadas, la competitividad argentina se pensó casi exclusivamente en términos de costos, escala y volumen exportador. Pero el mercado europeo ya no compra solamente commodities. Compra también trazabilidad, estándares ambientales, baja huella de carbono y garantías de sostenibilidad.

Un modelo de producción verde.

La Unión Europea está construyendo uno de los sistemas regulatorios ambientales más exigentes del planeta. Su estrategia económica ya no separa comercio exterior de política climática. El llamado “Pacto Verde Europeo” busca transformar la economía del bloque hacia un modelo carbono neutral para 2050, y eso implica trasladar exigencias ambientales a toda su cadena de abastecimiento global.

 

La más relevante para América Latina es probablemente la regulación europea contra la deforestación importada, conocida como EUDR. Bajo este esquema, productos como soja, carne bovina, cacao, café, madera o aceite de palma deberán demostrar que no provienen de áreas desmontadas después de la fecha de corte establecida por la Unión Europea. Esto implica sistemas de trazabilidad mucho más sofisticados, monitoreo satelital, certificaciones y capacidad de verificar el origen exacto de la producción.

 

Porque Europa ya no discute solamente cuánto produce un país. También discute cómo se produce. La Unión Europea también avanza con mecanismos vinculados al carbono. El más importante es el llamado CBAM —Carbon Border Adjustment Mechanism—, conocido informalmente como “impuesto al carbono en frontera”. La lógica detrás de este sistema es relativamente simple: si las industrias europeas pagan cada vez más por emitir carbono dentro de Europa, los productos importados también deberán reflejar ese costo ambiental para evitar competencia desleal.

 

Hoy el mecanismo se concentra principalmente en sectores industriales intensivos como acero, aluminio, fertilizantes o cemento. Pero la tendencia es clara: el carbono empieza a convertirse en una variable económica central para el comercio global.

 

La huella de carbono de los alimentos, la logística internacional, el uso de energía fósil, el desmonte y las emisiones asociadas a fertilizantes o cambios de uso del suelo comenzarán a pesar cada vez más en la competitividad exportadora.

 

Lo que antes era un debate ambiental, ahora empieza a ser un debate económico.

La Unión Europea tiene algunos de los consumidores más ambientalmente conscientes del mundo. Millones de europeos ya incorporan criterios ambientales y sociales en sus decisiones de compra. Crece el consumo de alimentos orgánicos, productos certificados, bienes con baja huella ambiental y cadenas libres de deforestación. En países como Alemania, Francia, Países Bajos o los nórdicos, la sostenibilidad dejó de ser un nicho y pasó a formar parte de las preferencias de consumo de amplios sectores de clase media. Esas exigencias se trasladan a toda la cadena global de abastecimiento.

 

Miles de nuevos empleos que hoy no existen.

La Argentina enfrenta desafíos estructurales que ya no pueden postergarse. Uno de los principales es la necesidad de descarbonizar su matriz energética y logística. Gran parte del transporte de cargas sigue dependiendo casi exclusivamente del camión y de combustibles fósiles, lo que aumenta costos y emisiones. Modernizar ferrocarriles, ampliar infraestructura portuaria eficiente y acelerar la incorporación de energías renovables ya no es solamente una agenda ambiental: es una condición de competitividad exportadora.

 

También empieza a ganar cada vez más relevancia otro aspecto clave del comercio internacional moderno: los estándares ESG —ambientales, sociales y de gobernanza—. Lo que hasta hace pocos años era visto como una agenda voluntaria o reputacional hoy comienza a transformarse en un requisito concreto para acceder a financiamiento, atraer inversiones y participar en cadenas globales de valor. Grandes empresas europeas, bancos argentinos  y fondos de inversión ya exigen información vinculada a emisiones, impacto ambiental, derechos laborales, diversidad, trazabilidad y gestión corporativa. Y esa presión comienza a trasladarse a toda la red de proveedores, incluyendo a las pequeñas y medianas empresas argentinas.

 

Para muchas PyMEs locales, el desafío es enorme. La mayoría todavía opera sin estrategias de sostenibilidad, sin medición de huella de carbono, sin políticas de eficiencia energética o economía circular y, muchas veces, sin estructuras internas preparadas para responder a nuevas exigencias internacionales. Pero al mismo tiempo aparece una gran oportunidad: incorporar criterios ESG puede mejorar la competitividad, facilitar acceso a mercados, reducir costos operativos y abrir puertas a nuevos clientes e inversiones.

 

 

"es imprescindible que incorporemos la agenda Ambiental como una Agenda de Desarrollo"

 

 

En momentos en que los márgenes para la prueba y el error se vuelven un lujo que muchas PyMEs no pueden permitirse, contar con asesoramiento profesional aparece como una decisión estratégica para incorporar la visión ESG dentro de los negocios y las estructuras empresariales, adaptando los procesos de sostenibilidad y descarbonización a la realidad concreta del entramado productivo argentino.

 

En ese contexto, la eficiencia energética aparece como una de las herramientas más importantes y subestimadas. Reducir consumos energéticos en industrias, edificios, transporte y cadenas logísticas no solo disminuye emisiones: también reduce costos, mejora competitividad y aumenta productividad.

 

Otro desafío central es frenar definitivamente la deforestación. El avance sobre bosques nativos no solo genera pérdida de biodiversidad y conflictos territoriales; también amenaza el acceso de productos argentinos a mercados cada vez más exigentes. La trazabilidad ambiental será tan importante como la calidad sanitaria o el precio internacional.

 

La transición hacia una economía descarbonizada implica abrir una enorme oportunidad económica y laboral para la Argentina. La incorporación de criterios de sostenibilidad puede generar cientos de miles de nuevos puestos de trabajo vinculados a energías renovables, eficiencia energética, logística baja en carbono, reciclado, economía circular, gestión ambiental, construcción sostenible y nuevas tecnologías aplicadas al agro y la industria. Son los llamados “empleos verdes”, trabajos que hace apenas algunos años prácticamente no existían y que hoy crecen en todo el mundo impulsados por la transición climática.

 

Argentina, con el Acuerdo UE-Mercosur, tiene la posibilidad de insertarse en el mercado global, actualizar su matriz productiva y romper con un ciclo de 15 años de estancamiento. Pero debemos tomar la decisión de incorporar la agenda de sostenibilidad como una agenda productiva. Por ello, el acuerdo UE-Mercosur debe ser debatido y comprendido no solo como un mero tratado comercial de intercambio de bienes y servicios, sino, fundamentalmente, como una herramienta crucial y catalizadora para la tan necesaria modernización y sofisticación del modelo productivo argentino.

 

 A diferencia de épocas anteriores, en las que los intentos de apertura y actualización económica se llevaron a cabo sin una hoja de ruta clara o bajo marcos de trabajo inestables, esta actualización se presenta con la oportunidad única de implementarse con una visión estratégica definida y un marco regulatorio sólido. Este marco está diseñado para garantizar un impacto positivo, sistémico y virtuoso en toda nuestra matriz productiva, un hito de desarrollo y transformación que rara vez se ha logrado con éxito sostenido en la historia económica reciente del país.

 

Para que esto suceda es imprescindible que incorporemos la agenda Ambiental como una Agenda de Desarrollo, que abarca estándares ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Esto significa utilizar los exigentes estándares europeos como un motor interno para la innovación, la eficiencia energética, la trazabilidad de la producción y la mejora de las condiciones laborales, transformando así los sectores exportadores y preparándolos para competir exitosamente en los mercados más exigentes del mundo.

 

 

 

 

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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