La IA ya mueve buques, pero no como pensamos
Por Lic. Yanina S. LojoMg. en Dirección de Finanzas y Control
En 2025, el comercio mundial creció un 6,5% y alcanzó los 25 billones de dólares, incluso en un contexto de mayor tensión geopolítica y suba de aranceles. El motor no fue ni el petróleo ni la soja: fue la infraestructura para inteligencia artificial. Chips, servidores, energía y conectividad empezaron a redibujar los flujos globales. Y en ese mapa nuevo, Argentina tiene algo para decir.
Cuando Estados Unidos profundizó su esquema arancelario en 2025, el escenario parecía claro: menos comercio global. Sin embargo, la realidad fue en la dirección opuesta. El informe Geopolitics and the Geometry of Global Trade: 2026 Update del McKinsey Global Institute muestra que el comercio mundial de bienes creció un 6,5% en 2025 y alcanzó los 25 billones de dólares. No se trata solo de un rebote estadístico, sino de una señal estructural: el sistema comercial global sigue expandiéndose, incluso bajo presión. Incluso cuando tuvimos el mayor ajuste arancelario en casi 100 años.
La clave está en entender qué cambió. Porque el dato relevante no es solo que el comercio creció, sino que lo hizo con otra lógica. Las tensiones entre potencias no frenaron los flujos, pero sí alteraron su geometría. Las empresas no dejaron de comerciar: cambiaron socios, rutas y, sobre todo, el tipo de bienes que están en movimiento.
La IA dejó de ser intangible
El informe identifica con claridad el principal motor de esta nueva etapa: la inversión en infraestructura para inteligencia artificial. En 2025, según este estudio el comercio de hardware vinculado a IA —chips, servidores y equipos de red— creció un 40% interanual y explicó aproximadamente un tercio de la expansión del comercio global.
Este punto es clave porque rompe una idea instalada: la de que la IA es un fenómeno puramente digital. En la práctica, su despliegue requiere una base física intensiva en capital y en comercio internacional.
Estados Unidos habría concentrado cerca de la mitad de la nueva capacidad global de centros de datos durante 2025, lo que impulsó un aumento del 66% en su comercio de bienes vinculados a IA, alcanzando los 220.000 millones de dólares. China se habría posicionado como el segundo mayor constructor de data centers, seguida por la Unión Europea, consolidando un ciclo de inversión que tiene escala global.
Pero lo más interesante es lo que no siempre se ve. La expansión de la IA no solo tracciona semiconductores de última generación. También genera una demanda creciente de turbinas de gas para abastecimiento energético, sistemas de refrigeración industrial de gran escala y redes de fibra óptica para transmisión de datos. Es decir, bienes pesados, con logística, con aranceles, con impacto directo en el comercio.
Los bienes que están redefiniendo los flujos
Lo que está ocurriendo no es una transformación abstracta, sino profundamente operativa. El comercio internacional empieza a reflejar este cambio en las partidas que más crecen. Los semiconductores y microprocesadores encabezan la dinámica, con una demanda concentrada en unidades de alto rendimiento necesarias para el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. A esto se suma el crecimiento en servidores y equipos de red, indispensables para sostener la infraestructura de datos, según indican los especialistas.
En paralelo, la infraestructura energética se vuelve un componente central. La demanda eléctrica de los centros de datos ya es un factor relevante en varias economías, lo que impulsa el comercio de turbinas, transformadores y sistemas de refrigeración. No es menor que la situación en Medio Oriente preocupe a los desarrolladores por el impacto del costo energético.
La expansión de la conectividad, tanto terrestre como submarina, sostiene además un crecimiento continuo en fibra óptica y cableado. Y en este contexto, China refuerza su rol como proveedor de maquinaria y bienes de capital, abasteciendo a nuevas geografías industriales en Asia.
La guerra comercial no frenó el comercio: lo desvió
Uno de los datos más claros del informe es la caída del comercio bilateral entre Estados Unidos y China, que se redujo un 30%. Sin embargo, ese flujo no desapareció: se redirigió hacia terceros países, por un monto superior a los 165.000 millones de dólares. Este fenómeno de desvío comercial es central para entender el momento actual. El comercio global no se contrajo, pero dejó de concentrarse en los mismos corredores.
China ajustó su estrategia en este nuevo escenario. Por primera vez desde 2019, sus exportaciones de bienes de consumo final habrían mostrado una caída, mientras que las exportaciones de bienes intermedios y de capital aumentaron en más de 175.000 millones de dólares. En paralelo, para sostener competitividad, los precios de exportación de bienes de consumo registraron una reducción promedio del 8%.
Europa según señala el estudio aparece como uno de los actores más afectados por esta reconfiguración. Su sector automotor habría perdido aproximadamente 22.000 millones de dólares en su balanza comercial con Estados Unidos y China. Las exportaciones europeas de vehículos a Estados Unidos cayeron un 17%, mientras que los envíos a China se redujeron más de un 30%. Al mismo tiempo, las importaciones de vehículos eléctricos chinos hacia la Unión Europea crecieron un 50% en volumen, superando las 800.000 unidades.
En este contexto, la respuesta europea apunta a diversificar mercados y reducir dependencia de los grandes ejes tradicionales, lo que explica el avance de acuerdos comerciales con nuevas regiones. No es coincidencia que acuerdo comerciales que venían trabados desde hace años hayan sido resueltos rápidamente, como MERCOSUR – UE o también UE – India.
Argentina en un mapa que se vuelve a dibujar
El informe menciona a América Latina como parte de esta reconfiguración y señala que países como Argentina, Chile y Perú incrementaron sus importaciones de maquinaria brasileña vinculada a sectores de recursos naturales y construcción. No es un dato aislado: refleja un proceso de mayor integración productiva regional. Pero la oportunidad para Argentina va más allá de ese punto.
La expansión global de la infraestructura de inteligencia artificial abre una ventana en energía, donde la demanda eléctrica se vuelve un insumo crítico. También en minerales estratégicos, como el litio y el cobre, fundamentales para baterías, cableado y sistemas industriales. Y, en paralelo, en servicios basados en conocimiento, que permiten capturar valor sin las restricciones logísticas del comercio físico.
A esto se suma un factor más tradicional, pero no menor: la reconfiguración de los flujos comerciales entre Estados Unidos y China ya está generando oportunidades en mercados donde la demanda se está desplazando. El caso de Brasil en soja es un ejemplo claro. Argentina tiene margen para posicionarse mejor en esa dinámica.
Un dato que hay que empezar a seguir: en el informe del INDEC del Intercambio Comercial de marzo de 2026 el carbonato de Litio se ubicó dentro del top ten de productos exportados. Aunque representa solo un 2% no es menor. Muestra como empieza a ganar protagonismo.
La lectura que importa
El informe del McKinsey Global Institute no plantea el fin de la globalización. Plantea algo más complejo y, al mismo tiempo, más relevante para la toma de decisiones: su transformación.
El comercio sigue creciendo, pero con nuevos motores. La inteligencia artificial dejó de ser un fenómeno abstracto para convertirse en un factor concreto que mueve bienes, redefine cadenas de valor y altera la lógica de los flujos globales.
En ese contexto, la diversificación de socios comerciales deja de ser una recomendación y pasa a ser una necesidad. Entender qué bienes están creciendo —y por qué— se vuelve tan importante como seguir los precios de las commodities. Y el comercio de servicios, particularmente los vinculados al conocimiento, gana un lugar cada vez más estructural en la generación de valor. No es menor que las exportaciones de la economía del conocimiento en 2025 se hayan acercado a los 10.000 millones de dólares, y se haya convertido en el tercer complejo exportador.
Contrario a lo que muchos creían, el mundo no se cerró, el mundo no dejó de comerciar. Aprendió a hacerlo de manera distinta.
Fuente: www.NetNews.com.ar
COMENTARIO
0 comentarios
IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
