Lunes, 04 de Mayo de 2026 | 15:25
ECONOMÍA 04.05.2026

Finanzas y naturaleza: los números que el sistema financiero no puede ignorar.

Julián D’Angelo Por Julián D’Angelo
Director Ejecutivo Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (UBA) Secretario Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Universidades por la RSE (RedUniRSE)

Recientemente, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) presentó su informe State of Finance for Nature 2026 donde presenta un diagnóstico contundentemente dramático sobre la situación actual del financiamiento global vinculado a la protección, conservación y restauración de la naturaleza.

 

Uno de los principales aportes de este estudio consiste en cuantificar, con evidencia científica y métricas comparables, la magnitud de la brecha financiera existente para alcanzar los compromisos internacionales en materia de biodiversidad, clima y desarrollo sostenible.

 

Este año, una de las conclusiones más importantes del documento es que el mundo se encuentra en una contradicción estructural: mientras la agenda internacional reconoce crecientemente que la naturaleza es un activo crítico para la estabilidad económica y social, los flujos financieros globales continúan favoreciendo actividades que degradan ecosistemas.

 

En 2023, el financiamiento global destinado a las denominadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (NbS) alcanzó unos US$ 220 mil millones anuales. Sin embargo, el informe destaca que esta cifra resulta ampliamente insuficiente frente a la magnitud y complejidad del desafío. En este sentido, la inversión requerida para cumplir los objetivos internacionales debería aumentar a US$ 571 mil millones por año hacia 2030, y alcanzar US$ 771 mil millones anuales para 2050, lo cual implica una aceleración drástica del ritmo actual.

 

 

 "la crisis ambiental ya constituye un riesgo sistémico para la economía mundial"

 

 

El informe también nos muestra que la estructura de financiamiento actual depende fuertemente del sector público. Del total invertido en NbS en 2023, cerca de US$ 197 mil millones provinieron de fuentes públicas, mientras que el sector privado aportó solo US$ 23,4 mil millones, una participación todavía marginal si se la compara con el peso del capital privado en la economía global.

 

Uno de los datos más impactantes del documento es la escala del financiamiento negativo para la naturaleza: los flujos económicos dirigidos a actividades que impulsan deforestación, degradación de suelos, contaminación y pérdida de biodiversidad se estiman en alrededor de US$ 7 billones (trillions) por año. Esto significa que el sistema económico global no solo invierte poco en regeneración, sino que continúa destinando recursos masivos a modelos productivos que aceleran el deterioro ambiental.

 

El informe destaca claramente que la crisis ambiental ya constituye un riesgo sistémico para la economía mundial. La degradación de la naturaleza afecta directamente la productividad agrícola, la disponibilidad de agua, la estabilidad climática, la seguridad alimentaria y las cadenas globales de suministro, incrementando vulnerabilidades macroeconómicas y financieras. En este sentido, el documento propone consolidar la naturaleza como un eje prioritario dentro del análisis de riesgo financiero, junto con el riesgo climático.

 

Cabe destacar también que, según información reciente de la OCDE, para 2050, el cambio climático será la mayor amenaza para la naturaleza, superando incluso al cambio de uso de suelo.

 

El año 2025 dejó señales claras. Según la Organización Meteorológica Mundial, el 2025 igualó a 2023 como el segundo año más caluroso desde que existen registros, solo detrás de 2024. La temperatura media se ubicó en 1,42 °C por encima del promedio preindustrial, un dato sin precedentes en 176 años de registros. Y según las proyecciones del Met Office del Reino Unido, el 2026 volverá a ubicarse entre los años más calurosos jamás registrados.

 


"La pregunta ya no es si el sistema financiero debe integrar la variable naturaleza. La pregunta es cuánto tiempo puede seguir sin hacerlo"

 

 

 

Durante décadas, el consenso científico estableció que la temperatura media global subía unos 0,2 °C por década, desde la década de 1970, dato usado como referencia para medir el avance del calentamiento global y proyectar escenarios futuros.

Sin embargo, los datos recientes muestran una evolución diferente: En la última década, el calentamiento subió 0,35?°C por década, acelerando frente al ritmo histórico. El planeta se está calentando más rápido que en cualquier periodo anterior desde que existen registros globales.

 

Las implicaciones de la aceleración en el aumento de la temperatura global son profundas. Si la tendencia actual persiste, las proyecciones del estudio sugieren que el planeta superará el límite de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París antes de 2030. Es importante resaltar que este umbral no se determina por la ocurrencia de un solo año excepcionalmente cálido, sino por el promedio sostenido de la temperatura global durante un periodo de dos décadas. No obstante, el ritmo presente indica que la humanidad podría ingresar en ese rango crítico mucho antes de lo que originalmente anticipaban muchos modelos climáticos.

 

Este resultado refuerza la conclusión central del estudio: el planeta se calienta más rápido. Esta aceleración no responde a fluctuaciones puntuales, sino que es consecuencia de un cambio en la trayectoria climática global, que se ha desviado de su tendencia histórica desde aproximadamente mediados de la década de 2010.

 

Como un agravante frente a este escenario, la vuelta de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos confirmó los temores del sector climático. La paralización de la energía eólica marina, el recorte al apoyo de vehículos eléctricos, la eliminación de incentivos para energías limpias, la flexibilización de las regulaciones sobre centrales de carbón, la promoción de la extracción de combustibles fósiles en tierras federales y el ataque a la ciencia climática marcaron un giro político contundente

 

Estados Unidos optó por desmarcarse de la cooperación climática internacional. En su primera presidencia Trump impulsó el retiro de los Estados Unidos de los compromisos asumidos en el Acuerdo del Clima de Paris, y ahora acaba de retirarse directamente de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y otros foros ambientales multilaterales.

Como consecuencia, la influencia de Estados Unidos en la gobernanza climática global se debilitó de forma notable y las emisiones estadounidenses no disminuyeron como se esperaba, sino que tendieron a estabilizarse.

The Guardian estimó que las políticas del presidente Donald Trump podrían causar hasta 1,3 millones de muertes adicionales relacionadas con la temperatura en los próximos 80 años. Este cálculo no considera los efectos indirectos del cambio climático, como sequías, inundaciones o conflictos, que podrían multiplicar el sufrimiento humano.

 

"El cambio climático dejó de ser un tema ambiental y pasó a ser un riesgo económico concreto"

 

Para las empresas, el mensaje fue contundente: la acción climática ya no puede depender de un solo actor global. Es necesario anticipar cambios políticos abruptos y sostener compromisos de largo plazo.

Las olas de calor, inundaciones e incendios dejaron de ser eventos aislados para convertirse en factores que afectan la producción, la infraestructura y la logística. El cambio climático dejó de ser un tema ambiental y pasó a ser un riesgo económico concreto.

La crisis climática está afectando de manera directa o indirecta la operación de diversas actividades económicas. La agricultura está entre los sectores más vulnerables. Según cálculos de Morgan Stanley, el 44% del trigo del mundo y más del 30% del maíz, provienen de zonas de riesgo.

La producción global de alimentos y combustibles fósiles está generando un costo ambiental que asciende a 5.000 millones de dólares por hora, según el informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial elaborado por 200 especialistas para el Programa de la ONU para el Medio Ambiente.

Por otro lado, en los últimos años, los litigios climáticos han dejado de ser una táctica secundaria utilizada por activistas para convertirse en una herramienta clave a la hora de exigir responsabilidades ante la crisis climática. Cada vez son más las comunidades que hacen uso de los tribunales como alternativa para proteger sus medios de subsistencia. Según datos de Naciones Unidas, solo en 2024 se iniciaron más de 200 casos climáticos nuevos, y en las últimas cuatro décadas, ya se cuentan cerca de 3,000 demandas en 60 países.

Aunque Estados Unidos sigue encabezando la lista con casi 2,000 procesos, el incremento de litigios en América Latina, Asia y África demuestra que comunidades especialmente vulnerables al cambio climático buscan justicia mediante acciones judiciales.

Hoy, gestionar la huella de carbono ya no es una cuestión de imagen: es una decisión estratégica. Las compañías que integren la acción climática en su estrategia de negocios no solo estarán ayudando al planeta, sino también asegurando su propia supervivencia en la economía del futuro.

Finalmente, el State of Finance for Nature 2026 enfatiza que cerrar la brecha no depende únicamente de incrementar fondos adicionales, sino de implementar una transformación estructural del sistema financiero: redirigir capital actualmente destructivo, reformar subsidios y estímulos perjudiciales, fortalecer instrumentos de blended finance y generar condiciones regulatorias y de mercado que permitan escalar proyectos NbS con mayor participación del sector privado.

En síntesis, el informe advierte que la transición hacia una economía “nature-positive” requiere acelerar de forma urgente el financiamiento para la naturaleza y, al mismo tiempo, reducir drásticamente los flujos financieros que continúan impulsando su degradación.

La pregunta ya no es si el sistema financiero debe integrar la variable naturaleza.
La pregunta es cuánto tiempo puede seguir sin hacerlo.

 

 

 

 

 

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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