Lunes, 09 de Febrero de 2026 | 19:43
Respomnsabilidad Social Empresaria

Las cinco claves que marcarán la agenda de la RSE en 2026 en Argentina y la región.

Julián D’Angelo Por Julián D’Angelo
Director Ejecutivo Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (UBA) Secretario Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Universidades por la RSE (RedUniRSE)

Para el año 2026, podemos identificar cinco tendencias fundamentales que reflejan el modo en que las empresas están adaptando sus enfoques y estrategias en Responsabilidad Social Empresaria y desarrollo sostenible.

 

1. Economía circular: eficiencia antes que relato.

La economía circular, que se propone repensar los procesos productivos en todas las fases de su ciclo, desde el diseño hasta la gestión de residuos, ha dejado de ser una consigna aspiracional para convertirse en una herramienta de gestión. Reducir desperdicios, optimizar procesos y reutilizar materiales ya no es solo una decisión ambiental, sino también una respuesta directa a la necesidad de bajar costos y ganar competitividad.

Experiencias recientes en distintos sectores muestran que la incorporación de prácticas circulares puede reducir entre un 15% y un 25% los costos asociados al uso de materiales y energía.

El cambio hacia modelos de economía circular abre nuevas oportunidades de negocios novedosos y da lugar a nuevas tendencias.

La transición hacia una economía circular se profundizará en la industria manufactura, la moda y la tecnología.

De acuerdo con la plataforma “Fashion for Good” las prácticas de economía circular, pueden impulsar una reducción de emisiones en la moda, de hasta un 93% menos en manufactura mediante innovación tecnológica, eficiencia energética y rediseño de procesos. 

 

2. Tecnología e inteligencia artificial para la sostenibilidad: productividad con preguntas abiertas.

La irrupción de la Inteligencia Artificial generativa está transformando áreas clave dentro de las organizaciones. Su papel será optimizar recursos, reducir emisiones y tomar decisiones estratégicas en tiempo real, impactando desde la gestión energética y agrícola hasta la prevención de desastres y el diseño de cadenas de suministro sostenibles.

Según un estudio publicado en Nature, la IA podría facilitar el cumplimiento del 79% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y hasta el 93% si consideramos solo los ODS ambientales. Puede optimizar redes eléctricas, predecir catástrofes climáticas, mejorar la eficiencia agrícola y reducir residuos industriales hasta en un 50%.

No obstante, persisten riesgos éticos y ambientales, sobre consumo energético, empleo y uso de datos, que exigen una utilización responsable de esta tecnología.

No es suficiente con implantar una innovación tecnológica, hay que evaluar también su impacto. Cuánta energía y agua consume, cuantos residuos electrónicos genera, cómo modifica los procesos de trabajo y qué criterios guían las decisiones automatizadas.

Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA) los Centros de Datos del mundo consumen en la actualidad el 1,5% del consumo eléctrico global, y podrán llegar al 8% hacia el 2030.

En este punto podría repensarse el sistema, favoreciendo modelos eficientes que optimicen el uso del agua y la energía.

 

3. Crisis climática: el impacto económico ya está acá.

Según la Organización Meteorológica Mundial, el 2025 es el segundo año más caluroso desde que existen registros, ubicándose la temperatura 1,42 °C por encima del promedio preindustrial.

La vuelta de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos confirmó los temores del sector climático. Trump acaba de retirar a los Estados Unidos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y otros foros ambientales multilaterales.

The Guardian estimó que las políticas del presidente Donald Trump podrían causar hasta 1,3 millones de muertes adicionales relacionadas con la temperatura en los próximos 80 años.

Para las empresas, el mensaje fue contundente: la acción climática ya no puede depender de un solo actor global.

El cambio climático dejó de ser un tema ambiental y pasó a ser un riesgo económico concreto.

En la cumbre climática desarrollada en 2025 en Belém (Brasil), la COP30, volvió a quedar en evidencia la distancia entre los compromisos asumidos por las naciones y las acciones necesarias, especialmente en los países en desarrollo.

Hoy, gestionar la huella de carbono ya no es una cuestión de imagen: es una decisión estratégica. Las compañías que integren la acción climática en su estrategia de negocios no solo estarán ayudando al planeta, sino también asegurando su propia supervivencia en la economía del futuro.

 

4. Dimensión social: empleo, diversidad, equidad e inclusión.

El compromiso de las empresas con el desarrollo de una fuerza laboral más diversa e inclusiva se ha vuelto esencial en el contexto actual.

La diversidad, equidad e inclusión (DEI) se han posicionado de manera creciente en la agenda de la RSE, dejando de ser un tema accesorio para convertirse en un eje central de la gestión.

Estudios como los realizados por la consultora McKinsey demuestran que las empresas inclusivas tienen 1,7 veces más probabilidades de ser innovadoras y se encuentran 1,8 veces mejor preparadas para afrontar los cambios

Las empresas líderes en diversidad superan a las que se encuentran en la parte inferior en un notable 36% de rentabilidad. Las ganancias se extienden aún más, demostrando que las organizaciones diversas obtienen un 19% más de ingresos gracias a la innovación.

Fomentar una cultura inclusiva y ética aumenta la resiliencia ante situaciones de crisis y favorece la retención del talento, lo que a su vez refuerza la habilidad de la empresa para alcanzar sus metas de sostenibilidad de forma consistente.

No obstante, los avances logrados en igualdad de género no están asegurados.

Los sistemas que protegen los derechos siguen siendo frágiles. En varios países, las mujeres enfrentan amenazas debido a decisiones políticas, crisis humanitarias y grupos antiderechos. El progreso puede revertirse fácilmente.

Las iniciativas DEI afrontaron una creciente resistencia en los últimos meses en los Estados Unidos, y comenzaron a revertirse incluso en compañías que antes defendían activamente esos valores. Se han reducido o eliminado programas DEI corporativos y también se han suprimido un número considerable de puestos relacionados con estas políticas.

Hace un año, Donald Trump firmó una orden ejecutiva exigiendo la eliminación de las políticas y programas DEI en las agencias federales y contratistas, y alentó a todo el sector privado a poner fin a estas acciones.

Para los movimiento anti DEI estadounidense, las políticas de compromiso con la equidad, las prácticas de contratación más inclusivas y la mayor visibilidad de grupos subrepresentados, son un activismo superficial y coercitivo, montado sobre una corrección política exagerada.

Pero, contrariamente a estos planteos, la diversidad no es una construcción política, es una realidad social, que está presente en los diferentes géneros, nacionalidades, culturas, religiones, orientaciones sexuales, edades y capacidades, presentes en todas las comunidades. Pretender que esta diversidad esté presente también hacia el interior de las compañías y en las áreas responsables de la toma de decisiones, no es una proclama política, es una ventaja competitiva. Intentar impedir la diversidad en las empresas es la verdadera intervención de la política en las decisiones corporativas.

Pero estos recortes en los programas DEI tuvieron también sus impactos negativos. En una encuesta reciente a 750 líderes empresariales norteamericanos, dos de cada tres afirmaron que su empresa sufrió consecuencias tras los recortes, incluyendo caída de las ventas, menor moral de los empleados y dificultades para contratar a los mejores talentos.

Uno de cada tres líderes empresariales en dicho estudio, dice que está restableciendo sus programas DEI.

 

5. Consumo responsable: más exigencias y menos indulgencia.

La creciente sensibilidad social y ambiental está modificando la manera en que los consumidores priorizan determinados productos y marcas. Para analizar con profundidad estos cambios en Argentina, desde el CENARSECS realizamos a fines de 2025 una “Encuesta Nacional sobre Consumo Responsable, Hábitos Sustentables y Capital Social”.

Entre otros datos, este relevamiento nos mostró que, al momento de elegir sus compras de alimentos y bebidas, el 56% de los consumidores (más de uno de cada dos consumidores) considerará, al menos alguna, las condiciones sociales o ambientales del producto o la responsabilidad social de la empresa fabricante, al mismo tiempo que está dispuesto a pagar un costo extra por esa decisión, y con el adicional de que ya cuenta efectivamente con antecedentes reales en el pasado, de haber optado por productos orgánicos o sustentables, aunque eso le haya costado más caro que un producto convencional.

También la demanda por información clara y accesible se ha consolidado como un rasgo estructural del comportamiento de consumo en Argentina. Los consumidores no solo buscan conocer los precios, sino también evaluar el impacto social y ambiental de sus decisiones. Estas actitudes evidencian una sociedad que prioriza la transparencia y la coherencia, exigiendo confianza por parte de las empresas y reguladores.

En este contexto, el consumo responsable ha dejado de ser una alternativa marginal o aspiracional para convertirse en un criterio central al momento de decidir compras. Comprender esta dinámica resulta esencial para anticipar tendencias, diseñar políticas públicas efectivas y fomentar estrategias empresariales que respondan a una lógica de triple impacto, donde los valores económicos, sociales y ambientales se integran de manera inseparable en el comportamiento de compra y en la construcción de confianza entre los distintos actores involucrados.

 

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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