Lunes, 17 de Junio de 2024 | 06:41
ECONOMÍA 05.06.2024

En el camino exportador, ¡una vez más!

Marcela Cristini Por Marcela Cristini
Economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) y miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Los anuncios de las autoridades en ejercicio desde el 10 de diciembre de 2023 apuntaron a un cambio de rumbo de la economía que, en el caso de nuestro sector externo se definió por la adopción de un modelo abierto al comercio exterior y a las inversiones internacionales. Bajo este nuevo escenario de objetivos, el país se encuentra hoy atravesando una necesaria etapa previa de ordenamiento macroeconómico.

 

 En el caso del comercio exterior, ese ordenamiento ya produjo la reducción de restricciones cuantitativas a las exportaciones, la desburocratización de las importaciones y está en curso la normalización del pago a nuestros proveedores externos o a las empresas que adelantaron los fondos. En un siguiente paso, según las declaraciones oficiales, se buscará eliminar el “cepo cambiario”. Corresponderá también asegurar la adecuación del tipo de cambio real en un nivel remunerativo para las ventas y compras externas reduciendo el sesgo anti-exportador de la economía. La reducción de impuestos al comercio exterior, particularmente los derechos de exportación, jugará un rol decisivo en la antedicha adecuación.

 

"ese ordenamiento ya produjo la reducción de restricciones cuantitativas a las exportaciones, la desburocratización de las importaciones y está en curso la normalización del pago a nuestros proveedores externos o a las empresas que adelantaron los fondos"

 

Las expectativas favorables creadas por los anuncios y el ordenamiento macro han dado lugar, junto con otros factores circunstanciales, a un mejor desempeño exportador en el primer cuatrimestre del año, revirtiendo el deterioro que se observaba en los últimos años. En efecto, los datos acumulados del primer cuatrimestre mantienen un importante cambio de comportamiento con respecto a los dos años anteriores. Desde diciembre hasta el presente el saldo comercial del balance de mercancías ha sido positivo y creciente con un superávit acumulado de USD 6157 millones en el primer cuatrimestre del año, que se compara muy favorablemente con el saldo negativo registrado en el primer cuatrimestre de 2023 (USD 1536 mill.).  Las exportaciones aumentaron un 9,8% en el primer cuatrimestre (USD 23.934 mill.) y las importaciones se redujeron en un -23,8% (USD 17.777 mill.) con respecto al mismo período correspondiente de 2023.

 

Entre los factores adicionales que explican el comportamiento del balance comercial de mercancías, del lado exportador se deben sumar también la normalización de la cosecha y, por lo tanto, de las exportaciones agroindustriales; los primeros avances en la recuperación de las exportaciones de combustibles que se ampliarían en el futuro a partir de la explotación plena de los yacimientos de Vaca Muerta y; el inicio incipiente de las exportaciones de litio.  Esta tendencia positiva se desarrolla a pesar de la pérdida de competitividad cambiaria que se ha acumulado luego de la mejora de la devaluación de diciembre y de un inicio de año con precios internacionales de nuestros principales productos exportables a la baja. Además, las dificultades con la importación de insumos y las pobres condiciones locales de financiamiento complicaron a las exportaciones manufactureras que fueron las únicas que retrocedieron en el período. El resultado de la balanza comercial también refleja las menores importaciones debido a su encarecimiento (impuesto PAIS) y, sobre todo, en respuesta a la recesión económica local.

 

En el futuro inmediato será útil ir monitoreando la construcción de un clima de negocios pro-exportador que, en el mediano plazo, debería traducirse en un aumento de la inserción internacional de la Argentina a través de un mayor volumen de comercio. Hoy nuestro país representa tan solo el 0,3% del comercio internacional (ver Gráfico1), apenas contribuyendo a la participación de América Latina que suma el 5,7% (Brasil participa con el 1,2%).

 

 

Históricamente, la escasa importancia del comercio internacional en la economía local se origina en la falta de incentivos de las empresas para tomar riesgos e invertir en el negocio exportador, que requiere también de importaciones para su desarrollo. En nuestro país el promedio de las exportaciones e importaciones ronda el 12% del PBI (la actividad económica total de cada año) en dólares corrientes. En México ese promedio es del 38% y en Chile del 26%. En promedio, en el mundo, el comercio internacional es equivalente, en promedio, al 30% de las actividades de un año. Brasil, como la Argentina, se mantiene como una economía cerrada con una inserción semejante a la nuestra.

 

Cambiar nuestra identidad hacia un país más abierto al comercio exterior demandará nuevas inversiones, inteligencia comercial para explorar el ingreso de nuevos productos a los numerosos mercados que ya atiende la Argentina con sus productos tradicionales, financiamiento fluido e infraestructura logística que acompañe el crecimiento exportador. Nada de esto podrá concretarse sin una fuerte credibilidad en que se tomarán las medidas necesarias para reinsertar a nuestro país en el mundo.

 

A estos “deberes” públicos y privados locales se suman actualmente las dificultades que distorsionan los mercados internacionales. Una breve síntesis indica que:

-el crecimiento mundial se ha vuelto más lento sobre bases permanentes (en torno del 3% anual) ya que los países en desarrollo del Asia que lo aceleraban han agotado la etapa de incorporación de mano de obra y deben explorar factores de crecimiento más sofisticados como la tecnología y el capital humano;

-China que, como país en desarrollo, ha sido exitoso en los procesos de escalamiento dentro de las cadenas de valor hasta convertirse en un proveedor de tecnología, enfrenta problemas de organización en su economía con altos riesgos de crisis financiera y mayor incidencia de las decisiones públicas en su patrón de crecimiento. En ese contexto, su competencia con los Estados Unidos (son las dos mayores economías del mundo y su comercio bilateral también es el mayor del mundo) y, más reciente con la Unión Europea, han llevado a un nuevo proteccionismo “estratégico” donde se discute si sólo se busca contener los riesgos de dependencia mutua en aspectos de seguridad nacional (de-risking) o se intenta también reducir el comercio y las inversiones entre los contendientes (de-coupling);

-las cadenas de valor que poblaron el mundo del comercio internacional desde los 90 se están reestructurando para evitar los riesgos de abastecimiento que se sufrieron durante la pandemia de COVID19 en 2020 (nearshoring), pero también responden a nuevos factores de promoción de los negocios, como las energías limpias (powershoring);

- el mundo enfrenta conflictos localizados como la invasión rusa a Ucrania o el ataque de Hamas a Israel que, por su alcance, han involucrado también los principales países desarrollados y a los organismos mundiales como las Naciones Unidas o la Corte Internacional de Justicia, generando riesgos serios de escalamiento. Estos conflictos también han generado disrupciones en la logística del comercio mundial;

-por último, las consecuencias cada vez más presentes del cambio climático afectan a todos los países, pero limitan más seriamente a los países en desarrollo más pobres, particularmente, a aquellos que son importadores de alimentos.

 

" frente a un nuevo intento de reinserción de la economía argentina, nos encontraremos con un mundo más proteccionista y menos integrado"

 

 

En este escenario complejo el comercio mundial también se ha desacelerado. En el próximo bienio se proyecta un crecimiento en torno del 3,5% anual, por debajo del 4,9% de las últimas décadas. En consecuencia, frente a un nuevo intento de reinserción de la economía argentina, nos encontraremos con un mundo más proteccionista y menos integrado y, nuestro país deberá buscar su propia identidad comercial aprovechando sus recursos e invirtiendo en la necesaria diversificación de sus exportaciones y mercados. La tarea no será tan sencilla como hubiera sido en las décadas anteriores de la globalización, pero la Argentina es aún una economía importante en el mundo (ocupa el lugar nro. 24 por tamaño de su PBI en el ránking mundial) y no debería desperdiciar la oportunidad de reorganizarse y competir. De ello depende, crucialmente, nuestro desarrollo futuro.

 

 

 

Fuente: www.Netnews.com.ar

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