Miércoles, 21 de Octubre de 2020 | 01:20

La Corte ante la disyuntiva: justicia o lacayos de la vicepresidencia

Nunca antes como en esta oportunidad los miembros de la Corte Suprema de Justicia tendrán que demostrar al pueblo argentino si son jueces o simples miembros de una corte al servicio de las necesidades de la vicepresidente, señora Cristina Fernández.

Es a todas luces la reforma de la justicia y movilización de los jueces una maniobra para colocar en su reemplazo a abogados adictos convertidos a dedo en jueces para liberar de toda culpa a la vicepresidente de la enorme cantidad de causas en su contra, por corrupción, lavado de dinero, pacto con Irán, entre otras.

Las pruebas acumuladas son enormes, pero también es enorme el temor que genera la furia de la vicepresidente. Los jueces que deben atender dichas causas contra Cristina Fernández, no los une el amor sino el espanto hacia ella, a excepción de los tres jueces que pese a todos los temores y presiones que reciben (que por razones obvias no lo divulgan), intentan seguir adelante con sus investigaciones y llevarla a juicio oral.  Un accidente puede tener cualquiera, dicen en voz baja.

La Suprema Corte, al aceptar el “per saltum”, sólo gana tiempo y no significa nada más que un compromiso a analizar el del desplazamiento de los tres jueces que atienen las causas contra Cristina Fernández, pero nada más que eso. A partir de ahora es el tiempo que se tomará la Corte para analizar y fallar acorde al criterio de cada uno, que en este caso cuatro de ellos son peronistas-kirchneristas, y esto es un estigma que los alejaría de la aplicación de Justicia. Es un deseo expresado a gritos por el pueblo argentino que sean jueces y no militantes. El tiempo lo dirá.

La situación económica del país y de sus habitantes se agrava con el paso de los días. Empresas que cerraron no vuelven a abrir, grandes empresas se van del país, miles de trabajadores sin trabajo, etc. que visto así son problemas individuales y aislados, en su conjunto es una economía que cae a pedazos. Si no hay empresas no hay recaudación, ergo cada vez deben emitir más dinero para socorrer cada vez más necesitados. El fantasma de la inflación no debe dejar dormir a parte del gabinete del gobierno que está preocupado buscando como salir de este atolladero, (mientras que otra le resbala si siguen cobrando sus importantes sueldos y lo que suceda no ponga en peligro su estabilidad).

No hay un gobierno, hay varios. Lo escribimos el año pasado previo a la asunción de Cristina Fernández y Alberto Fernández. Para alcanzar la presidencia participaron varios partidos y cada uno exigiría su cuota parte de poder en el gobierno. Así sucedió y en un principio todo parecía normal hasta que aparecieron los intereses particulares que empezaron a desordenar lo supuestamente ordenado. Ergo, difícil de tener gobernanza total y absoluta con tantos intereses en pugna. Alberto Fernández por momentos debe sentirse como Túpac Amaru, tironeado por cuatro caballos y sus miembros atados a cada uno de ellos: peronismo de izquierda, peronismo de derecha, La Cámpora, Cristina Fernández a la cabeza que impone su agenda y junto con ella el miedo, y es obviamente la que administra la tinta de la lapicera de Alberto Fernández, que muchas veces se dirá mientras medita: que bien estaba cuando estaba mal…

Por otra parte, la pandemia no da tregua y juega a las escondidas con los infectólogos, los epidemiólogos, economistas, opinólogos y demás personajes que nos abruman todos los días en todos los canales de televisión. Cuando todo indicaría que mejoran las expectativas vuelven a aparecer infectados en zonas donde no había ninguno. Se crearon aduanas internas que costará desarticular debido a la cultura del miedo. Mientras tanto, turismo, empresas de aviación, hotelería, restaurantes, transportes, se caen a pedazos a lo largo y ancho del país. Aunque tiendan a restablecerse las actividades pocos serían los que podrían disponer de dinero, toda vez que las empresas que cerraron o se fueron del país eran dadores de trabajo y esos empleados u operarios pasaron de golpe de clase media a clase pobre, desocupada, sin muchas posibilidades de revertir su situación. Empresa que cerró difícilmente vuelve a abrir. Esos trabajadores eran consumidores habituales de esos servicios. Por su parte los empresarios, si quedarían bienes para realizar lo más probable es que intenten deshacerse de ellos, y emigren hacia países más confiables y previsibles llevando sus inversiones allí, por caso Uruguay y empieza a mostrarse también Paraguay como un destino apetecible. Más rentabilidad con menores riesgos, sin la bota del Estado sobre sus cabezas exprimiendo con impuestos insostenibles que desalientan al más audaz.

QUO VADIS ARGENTINA?

 

     

Por Richard L. Ramsay       

          

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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