Martes, 26 de Mayo de 2020 | 15:11

“Una muerte anunciada” Marcela Jaimes @marceladesafio

Cristina eligió a su verdugo, Daniel Scioli, para convertirlo en cadáver político. Ella, logró lo que pocos peronistas, llevarlo a la tumba con ella, para que descanse a su lado.  

Con el segundo lugar de desempleo en la región y con un empleo estatal creciente que llega al 90% en algunas provincias del país, el Gobierno nacional decidió incorporar masivamente a la burocracia del poder a la militancia camporista como una suerte de premio al estoicismo en plazas como el PAMI, Cancillería, Municipios, y 5 organismos creados sólo para ese fin en el mismísimo ámbito legislativo.

También enviaron un Presupuesto para 2016 que sostuvo los mismos niveles de subsidios y presunciones equivocadas; y volvieron a emitir deuda con un bono atado al dólar por 5 mil millones de pesos, el BONAD 2017.

Todo esto lo hicieron mientras el candidato a gobernador por el FPV, Aníbal Fernández, decía que todo era éxito en Argentina, hecho que podía constatarse toda vez que la gente iba más al cine. El candidato impuesto por la errática estrategia planeada por Cristina Kirchner para hacer pie y rearmarse en la provincia de Buenos Aires repetía como un mantra que  la producción de energía estaba creciendo, aunque no contara la otra parte, que éramos importadores netos.

Y, en este festival de falacias, Alejandro Vanoli, el titular del Banco Central, expresaba de forma cada vez más afectada, que no había atraso cambiario, ni endeudamiento”, que no estábamos tan comprometidos por la baja del precio de comodities porque exportamos más bienes industriales y que habían crecido los créditos con el único inconveniente de que no se conocían porque no estaban muy publicitados. Claramente, tratando de cuidar su fortaleza, Alejandro Vanoli se subió a la campaña como un contendiente de la mano de Moria Casán, hablando de una clase media en movimiento ascendente y de la herencia de una sociedad educada y sin deuda.

La propalación de falacias llegó al nivel del ridículo el día que el funcionario refirió un déficit  moderado y una inflación en franca caída. Con todo, y como si lo mencionado no fuera suficiente muestra, Alejandro Vanoli llegó a la porfía de explicar que no necesitábamos de inversiones porque los argentinos teníamos ahorros y que de nosotros, ellos, el cristinismo, tenían la capacidad de obtener recursos. 

Sin embargo, mientras el Indec decía que teníamos la desocupación más baja desde hacía 28 años, el BID demostraba que el empleo en mujeres menores de 29 años había bajado 14 puntos a partir de la profusión de planes de asistencialismo.  

El verdugo de Cristina Kirchner, Daniel Scioli -que más tarde fenecería con ella-,  como todo converso sobreactuó, y es allí cuando se autosentenció, porque debió demostrar pertenencia. En este punto de asimilación al proyecto, perdió la chance del triunfo.

Entonces sobrevino la ficción con recitado exultante y acelerado: “Valoramos las políticas que se están llevando a cabo: Argentina reindustrializada, dejando atrás el fundamentalismo, sólida en reservas, con desocupación baja, desendeudada, con estabilidad social y sin una economía pendular que ahora garantiza la gobernabilidad”. Ese Scioli que no era Scioli -o que, al menos, desconocíamos- impactó doblemente cuando dijo: “Argentina es un país fantástico para la seguridad”.

A esta altura no quedaban dudas, la gente comenzó a redireccionar el voto. La ola que podía haber sido no fue pero llegó a su cresta gracias a la furia del cristinismo.

Fue precisamente en ese marco, que Cristina Kirchner impulsó las leyes y nombramientos para condicionar a su sucesor y cuidar su espalda y la de sus familiares y amigos dilectos.

Para ello prorrogó hasta el 9 de diciembre las sesiones en el Congreso Nacional. La idea era designar a los dos candidatos de su preferencia para la Corte Suprema de Justicia de la Nación, además de jueces, cargos diplomáticos, ascensos militares que le permitieran un reducto bien diversificado de poder.

Los ascensos y movimientos en Cancillería se sucedían con vehemencia, como la quema de papeles o el picado fino. Todo sin disimulo, todo explícito. A esta altura Timerman preparaba su destino hacia los Estados Unidos, un singular premio para el funcionario que fue capaz de avalar el Memorandum con Irán y que no dudó en mofarse del asesinato del fiscal especial federal, Dr. Alberto Nisman, profesando –como decía- la fe judía. 

Mauricio Macri, en cambio, habló de una construcción nuestra, apelando a la responsabilidad ciudadana, al dialogo. Fue calmo, transmitió tranquilidad y optimismo, certidumbre y firmeza. Le escapó a los desbordes a los que nos tenía acostumbrados el carácter colérico de Cristina, pero, por sobre todas las cosas, manifestó no ser Dios, ser falible, y por eso necesitar de un equipo.

Resultó ser todo lo que los argentinos queríamos escuchar: Decía que era falible, y dijimos: bienvenido sea!  Se trata de un hombre normal, no un superdios que se erige en algo por encima de nosotros,  parece que dijimos, y nos sumamos al cambio.

En síntesis, donde más poblado nuestro territorio, donde más se producía, donde más se exportaba e importaba, donde trascurrían los hechos vitales de la Nación, en esos territorios donde había universidades y donde se pudo manipular mucho menos; en esos lugares, perdió el kirchnerismo.

Y así los barones huyeron de María Eugenia Vidal –Heidi-,  como las ratas huyen cuando un barco se hunde, y Massa supo reforzar su estrategia entendiendo que ese cambio lo beneficiaba. El sindicalismo comenzó a apoyar el cambio. El partido FE, con el histórico del PJ Carlos Brown y el sindicalista Momo Venegas; Julio González Insfran, Hugo Moyano, y los dirigentes Roy Cortina y Margarita Stolbizer, también se sumaron. 

A Daniel Scioli, en cambio, lo rodeaban José Luis Gioja, de San Juan; Beber Herrera, de La Rioja y Lucía Corpacci, de Catamarca; Andrea del Boca, Moria Casán, Roberto Navarro, de C5N; Brancatelli; la ex de Boudou hoy pareja de RialGerardo Martinez  de la construcción; Santamaría del gremio de encargados y Viviani de taxistas; Curto, las abuelas y madres aunque con la visible ausencia de Urtubey y  Randazzo. Usted Juzgue, la suerte estaba echada. Como expresara Ernesto Sanz, Scioli quedó entrampado entre la negación de lo que era y la falsificación de lo que decía ser.

El Debate

Durante el debate scioli acusó a Macri de querer hacer un ajuste. Lo recuerdan? Bueno, Mauricio Macri contestó: “fueron ustedes los que hicieron un fenomenal ajuste llevando el dólar de 3 a 15”. Sin embargo, al terminar el debate, en una entrevista concedida a Majul, Daniel Scioli -evidentemente alterado por su estrepitoso fracaso que concitó la atención de un 76% de rating-, le dijo al conductor de La Cornisa que Macri quería hacer un ajuste porque se lo había dicho a él en el debate, “quiere llevar el dólar de 3 a 15”, exactamente lo que el kirchnerismo hizo.  

Dicen que para atacar hay que tener con qué, pero este muchachón, creyéndose Perón, no llegó ni a  boy scout en la escuela del peronismo. El equipo Scioli nuevamente implosionó, y de nada valieron los oscuros encuentros en la sede electoral. El candidato precario, que balbuceaba frases prestadas de un viejo cassette de campaña perdió con todas las caras que supo poner, con todas las muecas que quiso lucir y con toda la simpatía que pudo sobreactuar.  Cayó mal. Lució depresivo, enojado, ofuscado, enardecido, tirano, agresivo. Decía que sabía cómo hacerlo pero era el viejo de la bolsa, el último en recibir a Stiusso.

El remate estaba a la vista, se olía en el aire. El viento de cambio se respiraba suave porque habíamos estado cambiando desde hacía mucho tiempo. Entonces aparecieron 748 denuncias penales contra CFK y su gabinete, y dos denuncias penales contra los funcionarios Alejandro Vanoli, por la venta de dólar futuro y contra el Sube. de Puertos y Vías navegables, Horacio Tettamanti, empresario naval investigado por inconsistencias y violación a la ley de ética pública, ley 25. 188. Recordemos que Tettamanti es permisionario del puerto de Mar del Plata, quiere decir que, el titular de los puertos del país, es dueño de un astillero hecho que evidencia un efectivo conflicto de intereses, especialmente cuando trabaja en una Ley de Industria Naval y Marina Mercante, capeada por el dip del FPV, Arispe.

En síntesis, era -a esta altura- algo regional- los populismos se desinflaban en la región al mismo ritmo con el que habían aparecido en el pasado.

La confirmación de que el pasado, fue

Y llegamos al 22 de noviembre. Estaba en el aire. Macri ganaría, sólo que algunas advertimos de encuentros secretos de último momento en el Correo tendientes a que no se quebrara el 54%, el fenómeno que Cristina quería retener para sí. Al menos eso, habría suplicado el 21.

De esta manera se instala la aberración de la grieta que concede cierto poder al kirchnerismo para justificar su existencia. 

La diferencia -no lo dude- fue de 10 puntos arriba. Usted lo sabe porque anda en la calle y lo escucha. EL mismo día del festejo lo discutieron con Macri, pero él prefirió no dar lugar a la queja. Prefirió aceptar el robo porque igual había ganado. No sé si es la mejor manera de iniciar. 

 

Fuente: Marcela Jaimes para Desafío Exportar

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