Más granos, menos certezas
Por primera vez en varias campañas, Argentina vuelve a aparecer en los informes internacionales no como una excepción climática negativa sino como un actor con cifras récord, al menos en trigo. Sin embargo, el contexto global que describe el último World Agricultural Production del USDA deja una pregunta abierta: ¿alcanza con producir más cuando el mundo también lo hace?
El informe, de actualización mensual pero basado en estimaciones anuales por campaña agrícola, muestra un escenario de abundancia creciente en los principales cultivos, con Brasil y China empujando la oferta global y reconfigurando el tablero para exportadores tradicionales como la Argentina.
Argentina: récord de trigo y un mapa productivo que cambia
La principal novedad para el país es el trigo. El USDA proyecta para la campaña 2025/26 una producción récord de 27,5 millones de toneladas, impulsada por un rendimiento histórico de 4,23 toneladas por hectárea. El volumen total estimado resulta un 49% superior al registrado en la campaña previa. Se trata de un salto significativo frente a la campaña anterior y también respecto de la estimación del mes previo, lo que confirma que el resultado no es coyuntural sino estructural dentro de esta campaña.
El dato es relevante no solo por el volumen, sino porque devuelve a la Argentina al centro del mercado triguero internacional, luego de años marcados por sequía, restricciones internas y pérdida de competitividad.
En paralelo, el informe muestra un corrimiento en el uso de la tierra:
El girasol crece con fuerza, con una producción estimada en 5,5 millones de toneladas y un aumento del área sembrada tanto interanual como respecto de la proyección del mes anterior.
El algodón, en cambio, retrocede: la producción cae alrededor de 16% mensual, fundamentalmente porque parte del área fue absorbida por el girasol, especialmente en el norte del país.
Este cambio no es neutro. Refleja decisiones económicas de los productores frente a precios, costos y expectativas, pero también anticipa impactos sobre economías regionales y cadenas industriales específicas.
Brasil: el gigante que sigue creciendo
Mientras Argentina celebra el trigo, Brasil consolida su liderazgo en soja. El USDA proyecta una cosecha de 178 millones de toneladas, nuevamente un récord, con expansión del área sembrada y rendimientos sólidos.
Desde el punto de vista argentino, este dato tiene una doble lectura. A corto plazo, más soja brasileña implica más oferta global, lo que tiende a presionar los precios internacionales. En un mercado altamente competitivo, esto puede jugar en contra de los márgenes argentinos, incluso en campañas con buena producción.
A mediano plazo, refuerza el peso de Brasil como proveedor dominante, especialmente hacia China, su principal cliente.
No se trata de una amenaza inmediata, pero sí de una señal clara: Argentina compite en un mercado donde su principal socio regional es, al mismo tiempo, su mayor competidor.
China: más producción propia, pero sin cerrar la puerta al mundo
Otro dato destacado del informe es el récord de producción de maíz en China, estimado en más de 300 millones de toneladas, con rendimientos históricos. Este aumento se inscribe en una política más amplia de seguridad alimentaria.
En los últimos años, China ha reiterado su objetivo de alcanzar altos niveles de autosuficiencia en granos básicos, maíz, trigo y arroz, con horizontes que se extienden hacia 2030 y 2035. Sin embargo, esto no significa que vaya a dejar de importar alimentos.
Hay tres matices clave para entender el impacto real:
La autosuficiencia china se enfoca en granos básicos, no en oleaginosas. La soja sigue dependiendo estructuralmente del exterior, un cultivo intensivo en recursos hídricos. La estrategia sugiere una externalización de costos ambientales hacia los países exportadores, que asumen tanto el impacto productivo como el ecológico.
El aumento de producción interna busca reducir vulnerabilidades geopolíticas, no romper con el comercio internacional.
Incluso con más producción local, el crecimiento del consumo, especialmente de carnes y aceites, mantiene a China como un actor central en el mercado global.
En otras palabras: China puede comprar menos de algunos productos, pero no desaparecerá como demandante mundial. Lo que sí cambia es su poder de negociación.
Más oferta como un problema o una oportunidad
El hilo conductor del informe es claro: la producción mundial de granos y oleaginosas crece. Rusia aumenta su cosecha de trigo, China bate récords en maíz, Brasil lo hace en soja y Argentina reaparece con fuerza en trigo y girasol.
Para Argentina, esto plantea un dilema:
-Más producción propia, en un contexto de abundancia global, no garantiza mejores precios.
- La competitividad ya no depende solo del clima, sino de una estructura de costos cada vez más compleja: logística, tarifas (con la Hidrovía en pleno proceso de licitación), acceso a mercados, previsibilidad normativa y valor agregado.
El dato positivo es que la Argentina vuelve a tener volumen. El desafío es convertir ese volumen en estrategia exportadora, en un escenario global donde la abundancia es la norma y el cambio climático tensiona las reglas del juego.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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