Miércoles, 17 de Agosto de 2022 | 20:22
Día Internacional de la Mujer

Argentina y China vienen consolidando sus lazos

A pesar de algunas incógnitas, todo pareciera indicar que China se convertirá en la primera potencia mundial. Por primera vez una nación en vías de desarrollo (y oriental) tendría todas las condiciones de leadership, y todo ello, gracias a una estrategia elaborada en forma muy meticulosa que inunda el mundo político, económico y social.

Pero a diferencia de Occidente, el estado chino expande su influencia internacional sin tratar de transformar a las sociedades que busca dominar. En palabras de Ivan Krastev y Stephen Holmes, China no pretende inculcar su paradigma o su propia cultura en Occidente, sino defenderse de la occidentalización global haciendo su propio camino. A nivel nacional, cabe destacar las reformas más relevantes llevadas a cabo por China: las destinadas a elevar la clase media, corregir los costos laborales o revalorizar el Yuan. Pero ninguna de estas medidas podría entenderse sin analizar su consolidación como inversor internacional. Y es que la acción de China, dado su proyecto político, ya se está extendiendo a todo el planeta. El primer mandatario Xi Jinping busca abrir una nueva Ruta de la Seda que conecte el Este de Asia con Europa; un proyecto faraónico por el que transitarán carreteras, vías férreas, oleoductos y otras infraestructuras para constituir la mayor zona comercial del mundo. Tanto es así, que se prevé la puesta en marcha de hasta medio centenar de zonas económicas especiales destinadas a controlar el enorme tráfico que habría disparado la región. Sucede, sin embargo, que Asia Central es un importante espacio geoestratégico. Rusia y Estados Unidos llevan años luchando por la hegemonía local. Hay que considerar que la región es una de las principales zonas de conflicto del planeta. Por lo tanto, aumenta la desconfianza hacia China. Donde el gigante asiático dice ver grandes oportunidades de inversión y crecimiento, otros ven detenciones del expansionismo militar y el liderazgo regional, lo que no dejaría de generar fricciones añadidas al pulso que ya tienen Estados Unidos y Rusia, agudizadas – aún más - por los graves y últimos acontecimientos.

 

Pero esto no estaría lejos de ser la única apuesta de China. Su presencia en África está aún más consolidada. La Conferencia de Bandung de 1955, comenzó a sentar las bases de lo que ahora es una relación muy conveniente. El encuentro fue convocado para reivindicar la existencia y demanda de cooperación entre países del tercer mundo, y China aprovechó la oportunidad. El establecimiento de relaciones diplomáticas en la década de 1960 con muchos países africanos no solo permitió a Beijing fortalecer su capital, discutido por Taiwán, sino que también catapultó a China al estatus de primer socio comercial de la región. Así nació lo que en el campo de la negociación internacional se denomina win-win; ambos lados ganan. África, por un lado, en infraestructuras, gracias a la importante inversión del gigante asiático. Pero China ganaría mucho más. Al interés que ya lleva asociado la inversión, hay que sumar las cláusulas de garantía que constituyen las pequeñas cláusulas que permitirían al país, en el supuesto de incumplimiento de pago, obtener materias primas del continente africano o, en su defecto, tomar posesión de las infraestructuras realizadas para su explotación. El nivel de endeudamiento de la costa este, en particular, hace muy tangible este beneficio potencial, y lo que a priori se articula como una mera cláusula de salvaguardia, podría eventualmente extender la Nueva Ruta de la Seda a lo largo de la costa africana, con el consiguiente impacto a nivel geoestratégico que dicha circunstancia representa.

 

La situación en América Latina es un tanto diferente a la anterior. Desde el año 2000, las inversiones en la región han crecido exponencialmente. Sin embargo, fueron las medidas aprobadas por la administración Trump, de marcado carácter proteccionista, las que terminaron por fortalecer la relación. Pero la presencia de China en el continente americano no se limita exclusivamente al espacio latinoamericano; Estados Unidos también tiene al factor asiático bien arraigado en su economía. Ab initio, cabe señalar que el 17% de la deuda externa total de América del Norte está en manos de China por una cifra estimada de unos $ 1,13 billones.

 

Si algo nos enseñas esta experiencia es que la inocuación o la neutralización del competidor no es el camino correcto. Como se desprende del último de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), vivimos en una época que nos obliga a entender lo que significa el esfuerzo de multilateralización. Resulta fundamental adoptar un nuevo paradigma basado en la tolerancia, el respeto y la igualdad.  Para ello es imperativo comprender la realidad social del interlocutor, la cultura y la visión, en este caso, de China. Siguiendo a Martin Jacques, es importante comprender que China no es un estado-nación, sino un estado de civilización. Se halla fundada en el culto a los antepasados, una peculiar noción de familia y, en definitiva, en los valores confucianos, China se caracteriza por su unidad en la diversidad. Un claro ejemplo sería el estatus legal de Hong Kong, que sigue la máxima “un país, dos sistemas”.

Sin dudas, dos potencias que más disputa geopolítica generan entre sí, que son Estados Unidos y China, son plataforma de la mayor intensidad comercial internacional recíproca en el mundo (sus exportaciones reciprocas equivalen al 10% de todas las exportaciones mundiales y ninguna relación comercial en el mundo suma un importe mayor).

Pero para nadie es un secreto que China ha estado invirtiendo durante este siglo recursos en Sudamérica, socavando el dominio histórico de Estados Unidos y convirtiéndose en el socio comercial número uno del continente y es ahora el mayor comerciante individual de Brasil, Chile, y Perú. Sin ir más lejos, el gigante energético chino State Grid Corp. (600131) es titular de la empresa que suministra electricidad a más de 10 millones de hogares brasileños. En febrero, Argentina anunció que China financiaría proyectos de infraestructura por más de US$23.700 millones.

Como evidenciado por destacados expertos en la materia, intensificar la relación económica sin convertir esa actividad en una toma de posición en las disputas de poder mundial debería ser, en esta instancia, algo requerido para nuestro país.

En un discurso de septiembre de 2019, Zou Xiaoli, embajador de China en Argentina, expresó que el impulso de la infraestructura de su país estaba ayudando a integrar a América Latina en el mercado global. “China brindará un fuerte apoyo al desarrollo económico y social de Argentina”.

El gobierno argentino anunció su incorporación a la “Nueva Ruta de la Seda” (Belt and Road Iniciative), que fuera lanzada por la República Popular China en 2013 que busca impulsar, fundamentalmente, inversiones en infraestructura para favorecer el comercio internacional con el gigante asiático. Mas de 140 países y 30 organizaciones internacionales ya han signado algún grado de vinculación con el programa. Estos acuerdos buscan inversiones para obras alentadas por China. Se espera que, a través de adhesión, Argentina forme parte de un camino general de búsqueda de mayor internacionalidad.

Resultaría fundamental que Argentina mejorare sus condiciones locales o practicara correcciones a sus variables macroeconómicas para favorecer las inversiones: régimen cambiario, sistema tributario, marco regulatorio que brinde seguridad jurídica.

En lo que respecta al comercio internacional, un hecho inédito y de gran relevancia a destacar es que China logró desplazar a Brasil como el mayor socio comercial de Argentina.

 

Algunos especialistas consideran que el hecho de que China supere a Brasil como destino de exportaciones es algo temporario. La pandemia de coronavirus, que desaceleró y, en algunos casos, paralizó la industria, resultaría ser uno de los principales motivos que explican el cambio.

El sector industrial, especialmente el automotriz, representa por lo menos el 40% del intercambio comercial entre Brasil y Argentina. Por otro lado, la producción y exportación de granos no sufrió el mismo impacto y continúa siendo el pilar de las exportaciones de Argentina y de otros países de la región hacia China.

 

De acuerdo a los datos que emergen del INDEC, Dirección Nacional de Estadísticas del Sector Externo y Cuentas Internacionales, el intercambio con China registró, en septiembre, un saldo comercial negativo de 665 millones de dólares, con una suba de 126,0% (402 millones de dólares) respecto a igual mes del año anterior, debido principalmente a un incremento de PP (productos primarios).

 

Las importaciones desde China totalizaron, en septiembre, 1.386 millones de dólares. Crecieron 55,7% con respecto a igual mes del año anterior (496 millones de dólares), debido principalmente a una suba de BI (bienes intermedios) y, en menor, medida, de BK (bienes de capital).

 

En septiembre, el comercio con China implicó el 9,5% de las exportaciones totales y el 23,6% de las importaciones totales.

 

Respecto a las cifras estimadas de diciembre de 2021, las exportaciones hacia China fueron de 377 millones de dólares, lo cual significa un aumento del 43,9% respecto a igual periodo del año anterior. Las importaciones, en cambio, fueron de 1537 millones de dólares, lo cual implica un aumento del 55,9% respecto a igual periodo del año anterior.

 

Por su parte, las MiPyMEs exportaron a China US$1.296 millones en 2021 y ya concentran más del 20 por ciento de las ventas a ese país.

Las MiPyMEs contribuyeron con el 20,5% del total de exportaciones a dicho país, que en 2021 alcanzaron los US$6.299 millones. Por tercer año consecutivo, China finalizó como el segundo país al que más le vendieron las MiPyMEs, por detrás de Brasil.

El año pasado fueron 452 las MiPyMEs que exportaron a China. Dicha cifra fue similar al de 2020, y estuvo levemente por debajo de las 490 MiPyMEs que vendieron al gigante asiático en 2019, último año antes de la pandemia del coronavirus.

Entre 2020 y 2021, y con el fin de aumentar la productividad y la competitividad de las empresas, la SEPYME brindó asistencia, mediante créditos directos de entidades bancarias, garantías, aportes no reembolsables (ANR), capacitaciones técnicas, a 184 MiPyMEs exportadoras a China con un monto total de $1.663 millones.

A pesar de las circunstancias actuales, no hay dudas de que Argentina y China vienen consolidando sus lazos, mientras los vínculos con Brasil se han morigerado, China está ocupando el espacio comercial que antes pertenecía a Brasil en Argentina.

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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