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PRODUCCIÓN 06.02.2024

Pesca: El descontrol no se soluciona por Ley

Paola Batista Por Paola Batista
Titular Puls Media

El pasado domingo 28 de enero, el discurso pronunciado por el empresario de la industria naval Domingo Contessi con motivo de la botadura de una nueva embarcación pesquera y la inauguración de una moderna nave industrial, se vio teñida de luto por la nueva Ley de Pesca que pretende imponer el presidente Javier Milei dentro del paquete denominado "Ley Ómnibus".

 

 

Ansioso por mostrar resultados y urgido de demostrar gestión, Milei compró de algún asesor de su círculo íntimo o un referido de éste, una reforma en la Ley de Pesca que, según los actores del sector, no solo amenazaría con aniquilar el caladero, sino que también repercutiría de manera letal en el desmantelamiento de la industria naval.

 

Festejo en el velatorio

La ceremonia, comenzó con un emotivo homenaje a un fallecido trabajador del astillero, Don Tomás Rodolfo Borseiro, alias Pachaca, que motivó con su espíritu emprendedor la inspiración del nombre de la embarcación: “NUNCA TE DETENGAS, PACHACA”.

En sus declaraciones, Contessi expresó su sorpresa y consternación al señalar que nunca habría imaginado que la defensa de las ideas de libertad conllevaría la amenaza de una potencial expropiación del sector pesquero, la vulneración de la seguridad jurídica y la consecuente destrucción del caladero. Enfrentando críticas provenientes de una grieta que se niega a aceptar una vida basada en el trabajo honesto y lo etiqueta como "un empresario liberal desencantado", Contessi refuta estas críticas argumentando que quienes lo hacen, desconocen la historia del astillero. Quedarse callado no es una opción para este empresario y la historia de lucha y supervivencia de casi 60 años son suficientes para desestimar cualquier crítica.

 

“Para la industria naval, el impacto negativo de este proyecto de ley ha sido inmediato. Nadie va a encarar la construcción de un nuevo barco sin saber si podrá acceder luego a una cuota de captura. Esta lógica de licitar o resetear a toda una industria cada 10 años es inaplicable para actividades de capital intensivo como la pesca. ¿Quién invertiría en los últimos 5 años previo al vencimiento de las cuotas? ¿Quién invertiría ahora en construir un barco, una planta procesadora o consolidar mercados externos? Se pregunta Contessi habida cuenta de que se trata de proyectos de inversión tan grandes que no se pueden amortizar en 10 años. Para el empresario la ley convertirá a una industria consolidada en un sector precario y golondrina.

 

“Los empresarios y trabajadores de la pesca y de la industria naval no somos la casta y todavía no entendemos por qué nos subieron a este ring.”

 

 

“Sin exagerar, estamos en la víspera de la página más negra de la pesca argentina. Están en juego 46,000 puestos de trabajo directos, nuestras empresas, nuestros sueños” y a medida que Contessi avanza en su discurso, avizora un sombrío horizonte: “decenas de miles de argentinos que viven de la pesca saben que su futuro está en peligro. Concentración, desempleo, marginalidad, caída de la recaudación, inseguridad jurídica, litigiosidad, primarización de las exportaciones, conflictos sociales e irremediables sobre pesca serán las consecuencias de modificar esta ley” vaticina Contessi apelando a la buena voluntad de los legisladores sin distinción política.

 

Sobre sus hombros recae la responsabilidad de ser el sustento de cientos de personas; con gran maestría empresaria ha logrado sobrepasar las peores tormentas creadas en su mayoría, por la impericia de la casta política y en este punto ya no concibe otra remake de la misma película. Con voz quebrada finalizó su discurso dirigiéndose hacia un invisible Presidente de la Nación: “Los empresarios y trabajadores de la pesca y de la industria naval no somos la casta y todavía no entendemos por qué nos subieron a este ring.”

 

 

 

El pasado 17 de enero, Domingo Contesssi representó al sector como Vicepresidente de la Cámara de la Industria Naval Argentina, ante la Comisión Plenaria de la Cámara de Diputados, en escasos minutos logró desarrollar la trágica consecuencia que traería aparejada la modificación en la Ley Pesca sobre la Industria Naval Argentina. Con su sola mención y sin su correspondiente la sanción, ha provocado el retiro de órdenes de construcción en varios astilleros.

 

Una timba a mar abierto

La Ley vigente establece un meritocrático artículo 27 que premia –en teoría- la historia de capturas, las inversiones, el empleo, el agregado de valor a la hora de asignar las cuotas. Su reemplazo, y aquí vale aclarar que para medir el impacto real habría que analizar la reglamentación que podría llegar a tener la misma, traería bajo una falsa premisa de “competencia” y “libre mercado” una concentración de empresas buitres internacionales que apostarán para convertirse en la mejor oferta económica y llevarse el premio mayor.

 

La situación que seguramente le presentaron a Milei es que esa ley no se cumple e impera un descontrol descomunal. Es verdad. Los empresarios lograron repartir el suficiente dinero como para esparcir corrupción durante décadas a través del Consejo Federal Pesquero, el INIDEP, gobernadores, diputados, etc., etc., La lista es interminable, porque los millones de dólares evadidos lo posibilita.

 

Caladeros casi sin inventarios; cuotas de pesca que se reparten por porcentaje y no en kilos para su mejor fiscalización; descarte; redes sin dispositivos de escape para juveniles; exportaciones cuyo único control es la “Declaración de buena fe” por parte del exportador; cajas con etiqueta de merluza y algún código secreto que indica que en su interior hay abadejo fileteado interfoliado o cualquier otra especie con mejor posición arancelaria. El descontrol empresario es total, porque la anomia Estatal es absoluta.

 

En un escenario análogo, imaginemos una situación donde a un mulo agarrado en el aeropuerto con droga en el equipaje, le permitiesen hacer una declaración jurada declarando que se trata de talco para los pies y pudiese continuar con su viaje. Bueno en la pesca ni siquiera son detenidos para inspección, solo presentan la declaración jurada de buena fe.

 

Sí, podría ser que algún empresario haga bien las cosas. El problema es que la Ley que pretende Milei se terminaría llevando puesto a todos ellos, incluyendo a los trabajadores, sus familias y todos los rubros de servicios que nutren a la pesca y a la industria naval, simplemente porque el Estado perdió su función de contralor y un nuevo presidente pretende poner orden al caos de forma irracional. 46.000 puestos directos de trabajo se podrían perder y #NoHayPlata para subsidiarlos hasta que consigan un nuevo empleo.

 

Con o sin nueva Ley -y aún si saber cómo sería la reglamentación de la misma-  la peor parte se la está llevando la industria naval que nada tiene que ver con el libertinaje que ocurre en el sector pesquero.

 

La solución es tecnológica

 

Todos los estamentos del Estado se encuentran corroídos por la corrupción, aplicar tabula rasa sería imposible y separar la paja del trigo llevaría demasiado tiempo. Milei (y los argentinos) no disponen de ese tiempo y es por ello que la implementación de tecnología de punta en conjunto con un buen programa de cruce de datos entre los organismos involucrados, actuaría como un excelente anticorrosivo de acción inmediata. Ni hablar si se incluyese inteligencia artificial (IA).

Cruce de datos, cámaras a bordo que en el mundo funcionan de maravilla (En Argentina está sancionada la ley pero el CFP hace 14 años que prorroga su uso por cuenta y orden de sus jefes, los empresarios), escáneres en los puertos (que detectarían además el millonario contrabando de las empresas mineras) y una buena legión de universitarios pasantes, bajo el régimen laboral home office, podrían brindarle transparencia a la pesca, a la minería y cualquier operación de comercio exterior.

 

 

Fuente: www.Netnews.com.ar

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